viernes 07 de agosto de 2020

La Casa de las Botellas espera en Quilmes la reapertura del turismo para sorprender a sus visitantes

Redacción @notipositivas por

La Casa de las Botellas, creación de Tito Ingenieri, es vivienda, taller y museo

Quien visite Quilmes y recorra la Casa de las Botellas, pensará tal vez que se trata de la imaginación del escenógrafo brasileño Alexandre Gomes, quien diseñó el hogar de los recuperadores de residuos de la famosa novela Avenida Brasil. O que pudo haber sido un proyecto del artista plástico Carlos Regazzoni, recientemente fallecido. Pero no, no es un producto creado para una ficción, es una casa verdadera, imaginada y realizada por Tito, su propio morador y artista local.

La Casa de las Botellas es una expresión de creatividad e invención a partir del reciclado de diferentes objetos. Se trata de uno de los atractivos de ese destino para sumar a la agenda y conocer una vez que finalice la cuarentena. Es imposible pensar la historia de esa casa separada de la vida de Rubén Ingenieri, a quien todos conocen como Tito, su mentor. Tito es un artista quilmeño de amplia trayectoria, reconocido como Ciudadano Ilustre por el Concejo Deliberante local.

Soldador desde la adolescencia, su oficio y plasticidad para reutilizar diferentes materiales lo llevaron por el camino del arte: construcción de impresionantes esculturas, objetos y casas poco convencionales integran su obra.

La historia de la vivienda

Hace casi tres décadas Ingenieri se quedó sin casa. Hasta ese momento habitaba una vivienda construida en un árbol que fue talado mientras se realizaban obras en la calle. Tito no tenía espacio en donde vivir ni dinero, pero sí un terreno. Decidió reemplazar los clásicos ladrillos por más de un millón de botellas, que fue uniendo durante casi 30 años en el espacio en el que finalmente construyó el museo, su casa y el taller. “La técnica es arena, cemento, ceresita y paciencia”, explicó el artista.

La primera edificación la hizo para no estar en la calle y con el tiempo devino en museo. Después erigió la morada que habita en el presente. A esta última la llamó “El Faro” en homenaje al escritor francés Julio Verne y tiene forma hexagonal “para que rompa el viento” que llega desde el río.

Para levantar “El Faro” se asesoró con un cabañista. La vivienda contiene botellas de distintos colores y tamaños, envases de leche, cerveza, aceite y vino que él mismo juntó y otros que le donaron los vecinos y el municipio. En la base usó botellas de sidra porque “al ser más pesadas, brindan un mejor sostén”.

Una estética inesperada

La Casa de las Botellas, creación de Tito Ingenieri, es vivienda, taller y museo
“La técnica es arena, cemento, ceresita y paciencia”

En la Casa de las Botellas, el sol se filtra por los vidrios y se transforma en un haz multicolor; la luz también atraviesa las ventanas fabricadas con ruedas de bicicleta y los vitreaux con forma de ojo de buey, hechos por Irma, su compañera de vida. Cada ambiente tiene su propio estilo. Los pisos, las barandas y las escaleras son de madera. En las habitaciones hay esculturas de hierro, colecciones de anteojos y máscaras, de las cuales Tito se declaró fanático y contó que por ello en uno de sus muebles dibujó El Eternauta. “Todo se puede reutilizar”, asegura Ingenieri. Por eso diseña ropa con patchwork de cámaras de neumáticos, fabricó una bicicleta con un cuadro de madera tallado por él mismo y en el jardín de su casa cuelgan llamadores hechos con ollas y cucharas. Ingenieri cuenta con orgullo que su creación está entre “Las diez casas más raras del mundo” y entre “Los diez edificios más raros de la Argentina”. Además, fue declarada de interés municipal y nacional, según indicaron desde el municipio.

La Casa de las Botellas se ubica cerca del Río de la Plata, como un faro que orienta y atrae a visitantes curiosos dispuestos a conocer atractivos excéntricos y destinos alternativos.

+ INFO: https://www.facebook.com/tito.ingenieri