Hace unas semanas finalicé un taller sobre apreciatividad. Confieso que, cuando escuché el término por primera vez, me sorprendió. Incluso me resultó extraño. Sin embargo, a medida que fui profundizando en su significado, descubrí una mirada capaz de transformar la forma en que observamos nuestro entorno, nuestras relaciones y nuestra propia vida.
¿Qué es la apreciatividad?
Aunque la palabra no figura en el diccionario, la licenciada en psicología y coach Laura Isanta – autora de Apreciatividad: el arte de percibir lo valioso – la define de la siguiente manera: la capacidad de percibir y rescatar aquello que es valioso y significativo en las personas, los acontecimientos y las cosas. Pero la apreciatividad no consiste simplemente en ver el lado bueno de la realidad. Tampoco se trata de ignorar los problemas o de sostener un optimismo ingenuo. Va mucho más allá: es desarrollar la capacidad de reconocer el valor, los talentos y el potencial que existen a nuestro alrededor, incluso en contextos de incertidumbre. Es elegir una mirada que descubra posibilidades donde otros solo ven obstáculos. Y, sobre todo, es intervenir desde la acción para que aquello que funciona crezca, se fortalezca y se multiplique.
Cambiar el foco para potenciar el crecimiento
Vivimos en una cultura acostumbrada a señalar errores, corregir defectos y concentrarse en lo que falta. La mirada apreciativa propone un cambio de foco: prestar atención a aquello que genera bienestar, desarrollo y crecimiento para expandirlo conscientemente. Cuando miramos desde este lugar, también conectamos con una fuente de felicidad más profunda. No con el placer fugaz o la gratificación instantánea, sino con aquello que nos brinda un disfrute genuino y duradero. Es esa sensación de plenitud que aparece cuando hacemos algo que amamos. Ese espacio donde el tiempo parece detenerse, donde actuamos con naturalidad y energía. Ese estado que muchos conocen como flow, en el que todo fluye y damos lo mejor de nosotros mismos sin esfuerzo aparente.
Preguntas clave para desarrollar el hábito
Desde esta perspectiva, algunas preguntas pueden ayudarnos a ejercitar el hábito de la apreciatividad:
• ¿Cuántos momentos formidables tuve hoy?
• ¿Qué tan auténtica fui conmigo misma durante el día?
• ¿Qué situaciones estoy naturalizando aunque sé que no me hacen bien?
• ¿Qué nuevas posibilidades me estoy permitiendo ver?
• ¿Qué talento o fortaleza descubrí hoy en mí o en otra persona?
Transformar la intención en acción
En un mundo que enfrenta desafíos cada vez más complejos, adoptar una actitud apreciativa es mucho más que una forma de pensar: es una forma de actuar. Es llevar a la práctica aquello que sabemos que puede mejorar nuestra realidad. Porque el mundo no cambia únicamente a partir de las buenas intenciones. Cambia cuando transformamos esas intenciones en hábitos, decisiones y acciones concretas. Cambia cuando elegimos fortalecer lo bueno, compartirlo y hacerlo crecer. Y quizás la pregunta más importante sea esta: ¿cuántas ideas positivas tenés para aportar al mundo y todavía no te animaste a ponerlas en acción? Te invitamos a contárnoslo. Tal vez allí comience una nueva posibilidad para vos y para muchos otros.



