jueves 11 de August de 2022

Los bancos no son éticos (pero hay esperanza)

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Joan Antoni Melé no se guarda nada. Lo escuché ir directo al punto sin pelos en la lengua: afirma que la banca no es ética y conviene aceptarlo para empezar a buscar salidas. Tiene clarísimo que no hay tiempo que perder y sabe que la empresa y el trabajo deben ser un camino de crecimiento personal y de servicio a la humanidad. Afirma también que acumular dinero no tiene sentido (se sabe: al final del día, cuando llega la hora tan temida, el dinero no te devuelve ni la salud ni el tiempo perdido), que los productos que se venden «barato» muchas veces son financiados o por el medioambiente o por personas que cobran menos de lo que deberían.

En fin, el hombre va a contramano de la economía tradicional, es cierto, tanto como lo es que va al frente de una corriente de economistas que no dudan de que llegó la hora de entender qué hay detrás del sistema financiero y agregarle la dosis de ética que está necesitando, para que la economía pueda tomar el peso necesario a nivel global y ser un instrumento clave de la sustentabilidad aplicada.

Claro, economista de carrera, Melé sabe que esto es posible. Transitó el camino de la banca tradicional hasta crear la #BancaÉtica en España, a fuerza de una estrategia basada en la palabra, explicando cada día después del trabajo de qué iba esto de que era importante que un banco no solo busque ganar dinero sino que pueda crear valor positivo.

El mensaje llegó y la primera sucursal del Triodos Bank en Barcelona logró un récord en la historia de la banca mundial: más de 1500 clientes nuevos por mes haciendo fila en la calle para abrir una cuenta en este banco que se convirtió en un fenómeno social y representa la esperanza de que es posible hacer negocios con una simple escala de valores que priorice a las personas, al medioambiente y al beneficio. Así, en ese orden.

En su balance integrado de 2015, Triodos Bank reporta que un 37 por ciento de sus inversiones fueron al sector de ambiente; un 24% al social; un 14% al cultural, y un 25% a préstamos para proyectos privados sustentables.

América Latina está en la mirada de la banca ética. Chile ya firmó compromisos para facilitar el ingreso de la primera sucursal de la banca basada en valores que usa y reinvierte el dinero en forma consciente en la búsqueda de un escenario de crecimiento exponencial de emprendimientos sustentables.

Hay esperanza.