domingo 05 de December de 2022

Guardianes de la energía

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Estuve de visita en la Escuela Nº 18, en el barrio de Chacarita, de la ciudad de Buenos Aires, participando de uno de los talleres a cargo de voluntarios de Philips y docentes de Foro 21. Se trató de uno de los encuentros de la segunda edición del programa «Cuidemos el Medioambiente ahorrando energía» organizado por la empresa Philips.

Una vez más pude comprobar lo bienvenidas que son en los ámbitos educativos (especialmente en los públicos) las acciones conjuntas de empresas y organizaciones del tercer sector que –hay que decirlo– crean valor social al ocupar espacios que el Estado deja libre.

En una Argentina en la que los roles muchas veces están poco definidos y se funden con el deseo de que la situación mejore, hay una nueva lectura para determinadas acciones tradicionalmente llamadas de «responsabilidad social empresaria» (RSE), que incluya y valore el esfuerzo que representa para las empresas idear, diseñar y llevar adelante acciones con objetivos muchas veces altísimos y a la búsqueda de impacto social positivo.

Cuando se tiene la posibilidad de ser testigo de estas acciones se pasa a la dimensión real (dejando atrás la mera comunicación) y es ahí, en la cancha, donde se aprecia el valor. Esto se ve reflejado en el audio, en las palabras de Roxana Dobrin, docente de la Escuela N° 18, o de Alejandra Bellini, empleada de Philips Argentina, y definitivamente se cristaliza en las voces entusiastas de los mismos chicos receptores de estos esfuerzos mancomunados.

«Los materiales educativos que Philips proporciona logran que los niños sean transmisores de lo que aprenden en su casa, son un excelente estímulo y no están a nuestro alcance de otro modo», explica Dobrin. El testimonio de la maestra se refleja en las caritas de los chicos que aprecian los juegos didácticos en los que están participando y que apuntan a que ellos mismos se transformen en agentes de cambio medioambientales a partir de una toma de conciencia personal y desde el lugar que cada uno de ellos tiene en la familia, en la escuela y en su ámbito de acción.

El programa incluye tres visitas y trabajo docente dentro del aula y cierra el ciclo con una «Fería de la energía». En todo momento se les explica a los participantes las consecuencias positivas de cuidar de los recursos no renovables y a estos nuevos hábitos se los llama justamente «ecostumbres» o costumbres ecológicas. Así, jugando, estos niños se llevan a sus casas un mensaje claro: es posible contribuir a que el planeta sea un mejor lugar incluso desde el lugar de un niño de 10 años. «A partir de ahora vamos a cambiar nuestras costumbres a ecostumbres» corean los chicos, en referencia a la palabra que se usa en el taller como referencia a los buenos hábitos de uso de los recursos energéticos.

“Cuidemos el medio ambiente ahorrando energía”

Este programa educativo vincula educación y medio ambiente con el objetivo muy claro de contribuir a la toma de conciencia por parte de la población y promover en los niños experiencias educativas relacionadas con el uso eficiente de la energía.

Este año, el programa visitó 75 escuelas públicas y privadas de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, y 22 escuelas de la ciudad de Río Grande, en la provincia de Tierra del Fuego, donde la empresa tiene su planta de fabricación.

Por supuesto, no escapa a este análisis el hecho de que las empresas realizan acciones de RSE como parte de sus políticas institucionales. Pero cuando la calidad con la que lo hacen es como la de este caso,merecen, a mi juicio, que se la destaque.

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