miércoles 11 de diciembre de 2019

Se necesita legislación para gestionar recursos y prohibir productos y materiales que degradan el ambiente

El 29 de julio pasado, el Día del Sobregiro Ecológico de la Tierra, la humanidad llegó al máximo de utilización y demanda de recursos naturales que puede generar en un año

Lorena Pujó por

En el Día del Sobregiro Ecológico de la Tierra, no hay níngun Planet B para reemplazar a nuestra casa

El 29 de julio de 2019 fue el Día del Sobregiro Ecológico Mundial de la Tierra o ecological overshoot day porque la humanidad llegó al máximo de utilización y demanda de recursos naturales que puede generar en un año. Ese día se adelanta cada año, según la organización internacional Global Footprint Network (GFN) o Red Global de Huella Ecológica, y en 2019 marca un nuevo récord, ya que en 2018 fue el 1° de agosto.

El Sobregiro significa que la humanidad necesitará este año casi dos planetas (1,75) para llegar a fin de año y completar la demanda de recursos naturales. El déficit ecológico se produce cuando la Huella Ecológica de una población excede la biocapacidad del área disponible para esa población.

La Argentina se encuentra en una situación peor que el promedio internacional, ya que el Día del Sobregiro Ecológico se alcanzó más de un mes antes, el 26 de junio. “La falta de políticas en materia de gestión de recursos y de residuos, entre otras, ha provocado que nuestro país esté peor en este índice, incluso por delante de países de la región como Brasil, México, Uruguay o Colombia”, explican expertos del Círculo de Políticas Ambientales.  

En el caso de los residuos plásticos, en la Argentina no existen políticas públicas ni legislación que exijan una gestión específica, lo que convierte al país en un gran emisor de plásticos a los océanos, ubicándose en el puesto 28 en un ranking de más de 190 países que vierten estos residuos en los ecosistemas marinos.

En las últimas décadas, la obsolescencia programada (fabricar productos con una vida útil cada vez más corta) y los productos de usar y tirar, como envases, embalajes y envoltorios, han crecido en el mercado de forma desmesurada, generando graves impactos que se evidencian en las cifras exorbitantes del crecimiento de los residuos. El modelo de “extraer, consumir y descartar” de la industria del plástico provoca el crecimiento de la demanda de resinas plásticas provenientes del petróleo, que requiere extracción y destilación; el aumento de uso de energía y generación de desechos en el proceso de producción y transporte, y mayores impactos al ser descartados cada vez con mayor frecuencia.

En la Argentina solo entre el 3 por ciento y el 6% de los RSU (SAyDS, 2012) generados se reciclan para reinsertarlos nuevamente en el circuito productivo; se estima además que actualmente solo 4 o 5 tipos de materiales plásticos tienen mercado, mientras otros materiales con potencial de reciclado son enviados a disposición final. Debido a que no existe una regulación para los envases y embalajes plásticos, la mayoría de ellos termina en los rellenos sanitarios, y la industria del reciclado plástico no recibe insumos para su producción ni incentivos para invertir en tecnología y procesos para otros materiales.

La ausencia de una gestión de envases se traduce en la falta de incentivos para promover la economía circular y la industria del reciclado, la obstrucción de los desagües pluviales, mayores volúmenes de residuos para transportar, mayores costos para su disposición final y, a su vez, graves impactos sobre los ecosistemas marinos.

Desde el Círculo resaltan la necesidad de avanzar en medidas y legislación concreta: ley nacional de gestión de envases y embalajes bajo la responsabilidad extendida del productor; ley nacional para eliminación del impuesto al valor agregado (IVA) en la compra venta de material reciclable; ley bajo el principio REP para colillas de cigarrillos; ley nacional/regional para promover mejora en la gestión de los RSU en los municipios costeros, ley nacional para prohibir el uso de microplásticos en la industria cosmética y de higiene personal; regulación local para prohibir sorbetes y vasos plásticos en playas, y regulación local para prohibir bolsas plásticas.