domingo 17 de noviembre de 2019

«Vidas de gatos» de Silvia Arazi, para compartir con chicos o con gatos

Graciela Melgarejo por

Vidas de gatos, el nuevo libro de poemas para chicos de Silvia Arazi, editado por Planeta Lector

Para amantes de los gatos y de los chicos (el orden no altera su importancia, en este caso), así es el nuevo libro de poemas de Silvia Arazi, con ilustraciones de Pilar Centeno, publicado por Planeta Lector y titulado Vidas de gatos, poemas para cantar con un chico o un gato. Sí, estos poemas también se cantan y la propia Silvia, compositora y gran cantante, lo hace, y se la puede escuchar en iTunes, Spotify, Amazon y YouTube.

Escritora y cantante, el de Silvia Arazi es un nombre conocido en el mundo de las letras argentinas, tanto en el terreno de la poesía como en el de la narración; su última novela, La separación, también se ha publicado en España y ha sido traducida al checo, inglés, macedonio y árabe. Pero recordemos ahora que escribir para chicos no es novedad para esta autora: el año pasado publicó los libros La familia Cubierto (Mágicas Naranjas Ediciones) y El niño de pocas palabras (Planeta Lector), ambos comentados ya en NOTICIAS POSITIVAS.

Vidas de Gatos, el nuevo libro de poemas para chicos de Silvia Arazi, Planeta Lector

Vidas de gatos (delicioso título que recuerda al de Vidas de Santos) era una obra muy esperada por lectores y amigos de Silvia. ¿Por qué? Porque gracias a las redes sociales –Facebook para mayor precisión–, habíamos conocido algunos de los poemas que integran este libro; por ejemplo, «El gato enamorado», ese mismo que aparece en la tapa, magníficamente ilustrado por Pilar Centeno (que lo toma en un momento álgido para cualquier comensal, porque le está poniendo ¡sal! a la torta de chocolate).

Gatos enamorados, escritores, desocupados, «cachafaces», aventureros y hasta desorientados, o gatas vampiresas, tejedoras y soñadoras, todos ellos van desplegando sus gracias y su magia. ¿Cómo elegir entre el Gato Nosé («Parecía estar mareado, / en piyama y despeinado»), la gata María Teodora («Usa pulseras de plata / que hacen ¡tilín! en su pata. / Hace dieta reductora, / y sale a pasear en bata.») o el gato desocupado («En un tiempo era enfermero / y después fue tintorero. / También fue colectivero, panadero, / pastelero, / relojero, equilibrista, restaurador y taxista.»)?

Elijan el poema que elijan, en todos el idioma español brilla alegre, con rimas, aliteraciones y picardía. Capítulo aparte son estos mismos poemas cantados por Silvia, que aconsejamos no dejar de oír.

Borges decía que la mejor manera de perdurar para un poeta es que sus versos sean citados sin que se sepa quién ha sido su autor, que ese era el verdadero triunfo. Estoy segura de que desde ahora habrá muchos niños que se irán a dormir repitiendo, como un mantra, por ejemplo: «María Laura Ludueña / es una gata pequeña, / muy / chiquita / muy / chiquita. / Tan pequeña es esta gata / que hasta duerme en una lata».