martes 18 de septiembre de 2019

¿Por qué la presencia del Estado es irrenunciable para poblaciones en contextos vulnerables?

N+ entrevistó a la directora del Organismo Provincial de Integración Social y Urbana de la provincia de Buenos Aires y a su equipo, para conocer cómo se implementan los programas habitacionales

Avatar por

Milagros Mayling, equipo y miembros de la Cooperativa Juntos Podemos

En la provincia de Buenos Aires, el Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (Opisu) está a cargo del Plan Maestro que diseña los programas y planes habitacionales y de saneamiento ambiental por implementarse en los barrios alcanzados –son nueve municipios y 20 barrios que abarcan 23.000 hogares–; coordina acciones con diferentes jurisdicciones nacionales, provinciales y municipales, y entidades de bien público para realizar obras y trabajos de manera integrada, de modo de mejorar indicadores de salud, educación, acceso a la justicia, regularización y seguridad en los barrios, y controla las mesas e instancias participativas que se realizan entre el Opisu, los miembros de la comunidad y los responsables de los municipios respectivos en los barrios alcanzados.

NOTICIAS POSITIVAS entrevistó a la directora de Opisu, Milagros Maylin, y a parte de su equipo –el coordinador del Área Social Productiva, Ignacio Gregorini; el director de Planificación Urbana, Alan Gansberg; el director de Programas Sociales, Jaime Micha; la directora provincial de Integración Barrial, Rosario Sporleder e Inés Cachanovsky, del Área Territorial de Área Social y en Villa La Garrote, uno de los barrios alcanzados por su accionar.

En La Garrote, actualmente, Opisu está llevando a cabo varias acciones: desde una plaza para chicos –en un principio se pensó que tuviera, como en otros barrios, una cancha sintética, pero los vecinos eligieron seguir usando el potrero porque lo veían importante para mantener su identidad– hasta reparaciones en los edificios y obras de cloacas que no se habían terminado (se aprovechó una reciente licitación). Aunque ya había un plan anterior (de hecho, las viviendas están) y se había relevado toda el área, nunca se llegó a concretar; ahora hay un plan especial en plena ejecución, que se está realizando para llevar, por ejemplo, el agua potable.

«Nosotros empezamos trabajando en el territorio, no trabajamos desde el escritorio (salvo todo lo que son expedientes y trabajo administrativo)», señala Maylin. «El plan solo se construye con los vecinos, porque primero hay que garantizar representatividad en el barrio, con las mesas participativas, para que se valide cada una de las secciones y partes del plan urbano y para que se empiecen a licitar. Por ejemplo, eso pasó con la parte sintética de una de las plazas: el barrio decidió seguir con la parte de tierra, el potrero, y entonces se cambió eso en la licitación.»

«El plan solo se construye con los vecinos, porque primero hay que garantizar representatividad en el barrio, con las mesas participativas, para que se valide cada una de las secciones y partes del plan urbano y para que se empiecen a licitar»

Milagros Maylin, directora de Opisu

Los vecinos hablan de La Garrote y otros, de Almirante Brown. «Nosotros le decimos La Garrote, como le dicen sus habitantes –continúa Milagros Maylin–. Porque la representatividad se tuvo que construir, eligiendo voceros delegados en cada mesa participativa, y en esas mesas participativas no es que solo se decide el plan urbano: se decide todo. El lugar donde se pone el container, el lugar donde se hace la obra primaria principal, todo. Es decir que todo pasa por la mesa participativa.»

Va cambiando el compromiso según el barrio alcanzado, precisa el equipo de Opisu. «Son barrios acostumbrados a que se diga mucho y no se haga nada.» Por eso, a veces, en las mesas participativas hay pocos asistentes, como pasaba al principio en Itatí. En cambio, en La Cava, cuando la gente empezó a ver lo que se había hecho, el número de asistentes comenzó a subir. La continuidad de las mesas depende de lo que se tenga que validar: «No es reunionismo por reunionismo», apunta Maylin. En La Garrote, se hicieron reuniones de diagnóstico por temas –cloacas, agua, espacios públicos, movilidad, etc.–, y después se hacen las mesas de proyecto, para diseñar, por ejemplo, las plazas si es espacio público, qué calles hay que abrir. Los vecinos mismos hacen sus propuestas, y hay después mesas de validación de las propuestas. El equipo de Opisu ve este conjunto de propuestas con las áreas técnicas, y se vuelve a presentar el proyecto, se valida y ahí se licita.

«El de cloacas y el hidráulico están ahora en la etapa de acabar de recibir los proyectos, con los presupuestos, y todavía no los validamos con el barrio. El barrio todavía no sabe cuánto sale o cuál es la solución», explica Alan Gansberg. «El resto de los proyectos que ya los vecinos nos aprobaron no se pueden hacer todavía hasta que terminemos con el hidráulico. Hay, por ejemplo, un anfiteatro, parrillas, etc. Hay que pensar que cuando nosotros llegamos, aquí había un paredón que ahora se está retirando para integrar.»

Agrega Milagros Maylin: «Otra cosa importante para mencionar es que, en todas estas mesas participativas, una vez que se valida algún punto del plan, se hace el anteproyecto y se le comunica a Infraestructura, para que se pueda licitar. Y después viene todo el tiempo de licitación, que no es menos de cuatro meses. Es decir, que de todo el proceso que ya se hizo, van a quedar algunas cosas ya terminadas y listas para licitar o con las licitaciones ya iniciadas».

Bajar: Brief Línea Socio productivo