martes 18 de May de 2021

Opinión


Algo positivo de la pandemia: las huertas orgánicas

Es el inicio del contacto del humano con su verdadero ser; con ese ser que respeta la tierra y es consciente de que necesita de ella para subsistir


El ingeniero Federico López Calsina escribe sobre ocio filosófico, pandemia y huertas orgánicas

Permanecer en nuestros hogares durante tantas horas mientras transcurría la pandemia fue revelador. Después de unos días de descanso, naturalmente comenzamos a buscar qué hacer: arreglamos la casa, y todas las pequeñas cosas postergadas quedaron al día. Y fue entonces cuando apareció el ocio filosófico que permite reconectarnos con nosotros mismos.

Es así que muchos, durante la cuarentena, nos empezamos a dar más tiempo para cuidar nuestras “otras cosas”: nuestro cuerpo y nuestro planeta.

Se vendieron más bicicletas que nunca y aparecieron varias acciones con sentido ecológico. Uno de los más fuertes fue el movimiento huertero. Es que la alimentación consciente nos resuena a todos. Somos conscientes de la desconexión que por años hemos vivido respecto de lo que nos alimenta y presentimos que es uno de los motivos de nuestras enfermedades.

Los huertos aparecieron por doquier, en patios, terrazas, macetas, balcones, etcétera. Todo espacio con sol nos brinda la posibilidad de cultivar un poco de nuestro alimento. Y es que disfrutar de ese contacto con la tierra tiene muchos beneficios más que el ahorro económico.

Ocio filosófico y huertas orgánicas

La huerta genera una reconexión con la tierra, con sus microorganismos (tan maltratados por los medios), con los insectos benéficos, con los ciclos de las plantas y sus necesidades, con la naturaleza, es decir, con nosotros como parte de un todo. Ese sentido fundamental, el que nos puede salvar de este desastre que hemos hecho por tomar a la tierra y a todos sus seres como recursos que podemos consumir. Hoy ya sabemos que no hay modo de que sigamos consumiendo y destruyendo como lo hicimos hasta ahora.

Nuestros bisabuelos tenían esta conciencia para con sus huertos, fermentos y conservas. Hoy podemos volver a esa cultura consciente, esa microeconomía circular.

Así que la huerta orgánica se ve como el inicio del contacto del humano con su verdadero ser. Con ese que respeta la tierra y necesita de ella para subsistir. Necesita entenderla, tratarla bien y aprender a ser parte de un ecosistema que se sostenga en el tiempo.

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El autor es ingeniero en Informática y cofundador del Instituto Inclusivo de Negocios Minka, una escuela de emprendedores orientados al triple impacto. Actualmente, es socio gerente de Toba SRL y fundador del Centro Jujeño de Apoyo a Emprendedores (CeJAE), y administrador de Agroholon, emprendimiento de producción orgánica de frutos tropicales y hortalizas