viernes 14 de diciembre de 2018

Opinión


Maestros que la vida nos ha ido regalando

Cada 11 de septiembre, la celebración del Día del Maestro, en recordación de Domingo Faustino Sarmiento, es un buen momento para pensar en algunos de nuestros maestros amados


Maestros que la vida nos va regalando

Celebrar cada 11 de septiembre el Día del Maestro en la Argentina es una buena excusa para reflexionar sobre a quiénes consideramos maestros, quiénes nos han ayudado y enseñado a aprender lo que es fundamental para la vida. Y una pregunta que me hizo ayer un buen amigo, sobre libros infantiles en los que apareciera la figura de los maestros, me llevó a preguntarme a mi vez cuáles habían sido para mí esos a los que llamaba así con justicia.

Por supuesto, dejo de lado en esta nota a los padres y a aquellos otros familiares (tíos o primos, por ejemplo) que naturalmente ejercen esa función tantas veces y que no siempre estamos dispuestos a reconocer y agradecer. No, me refiero a los que conocemos fuera del ámbito familiar, en ese mundo tan ancho y en muchas oportunidades tan ajeno, parafraseando a Ciro Alegría, en el cual nos vamos a mover para siempre, una vez dejado el hogar.

Y retomando la idea de los libros que leemos desde chicos, recordé que hay tres maestros que conocí a los cuatro años, que me acompañan hasta hoy, cada vez que vienen a mi memoria pasajes enteros de El libro de la selva (The Jungle Book) de Rudyard Kipling. Un libro que Kipling escribió para sus propios hijos, y que tanto el cine como la televisión han tomado como fuente de inspiración, con variada suerte.

Esos tres maestros son: Baloo, el oso; Bagheera, la pantera, y Kaa, la boa constrictor. Son los guías y tutores de un hombrecito, Mowgli, desde que este deja el refugio de su hogar, junto a Mamá Loba y Papá Lobo, hasta que está en condiciones de integrarse al mundo de los que son como él, los otros seres humanos.

A través de estos tres personajes, Kipling desarrolla todo lo que quisiera que sus hijos aprendan, y de verdad lo logra. La bonhomía y la prudencia de Baloo, el coraje y el arrojo de Bagheera, y la sibilina inteligencia de Kaa van a guiar al Hombrecito para saber qué tendrá que hacer en cada momento de su vida.

Y la gran enseñanza es que nunca se deja de aprender y que los maestros no siempre se presentan bajo un ropaje amable y considerado, sino que cierta severidad o algo de rigor no están para nada reñidos con el buen enseñar. Domingo Faustino Sarmiento, el “Loco” Sarmiento, a quien seguiremos honrando como el Gran Maestro argentino, nos ha dejado un buen modelo por seguir.