sábado 31 de October de 2020

Opinión


La desescalada en España y las personas mayores

Los españoles se preparan para salir lentamente del aislamiento y es ahora cuando se impone analizar todas las situaciones por las que han pasado y pasarán los mayores de 60 años


Las personas mayores y la desescalada en España: serán las últimas en poder salir a vivir normalmente

SEVILLA.- Se avecina la desescalada en España, y todas las voces y opiniones indican que las personas mayores van a ser las últimas en salir, o las que más restricciones van a tener. En todos los casos se hacen siempre análisis desde una perspectiva sanitaria, y nunca transversal, que incluya todas las realidades de un adulto mayor: hoy en día una persona con más de 65/70 años (que es el corte que se va a hacer) ama, trabaja, tiene responsabilidades y sobre todo está en su sano juicio para decidir cuidarse.

Claro, las cifras están ahí, son contundentes: las personas mayores son el colectivo con mayor riesgo de enfermarse de coronavirus y de morir por coronavirus. En China, en Italia, en España, en EE. UU., y seguramente ahora también en los países sudamericanos que entrarán en invierno, los mayores de 60 años son el colectivo más vulnerable a contraer el virus. Por dar un dato, en España, el 95,2 % de las personas muertas por coronavirus tenía más de 60 años.

Ahora bien, este dato no es mucho más demoledor que en otras enfermedades, ya que casi todas las dolencias atacan a los que han vivido más. Las personas mayores son las principales víctimas, por ejemplo,  de las cardiopatías: la insuficiencia cardíaca se duplica cada década a partir de los 45 años. 

El coronavirus simplemente ha venido a recordarnos que somos vulnerables en general, y los mayores en particular. Esto ha puesto sobre la mesa una variedad de dilemas y conflictos en función de la edad de las personas, y por otro lado ha desnudado la complicada situación de la vida de los que tienen más edad,  sobre todo cuando tienen que entrar en una residencia. La cantidad de muertes en masa que se han sucedido en distintas residencias de mayores en todas partes del mundo nos refriega sin miramientos las miserias que sufren algunos en el final de la vida, muchas veces por abandono, otras por la famosa y consagrada longevidad, que hoy se esgrime como un logro de la medicina. 

En un debate televisivo, una dirigente de la patronal de Residencias de Ancianos cuando se debatía sobre la gestión público/privada de estas soluciones habitacionales dijo: “La culpa de lo que pasa es de todos”. Y se refería a los trapicheos de precios que se hacen a la hora de pagar los gastos de cuidados de las personas mayores, y al enredo entre la administración pública y las concesiones de las residencias, para los que los precios a la baja suelen ser siempre las condiciones de las licitaciones. Así es que el Covid-19 entre tantas encrucijadas sociales que nos ha traído, nos ha puesto de cara a los dilemas de la edad. Y cuando decimos edad casi siempre nos referimos a las edades avanzadas. 

Coronavirus y cuidados intensivos

Hasta los primeros días de marzo mirábamos en España la pandemia como algo que sucedía en China, y luego ni la cercanía de los primeros casos en Italia nos hizo percatar de que nosotros íbamos a ser los siguientes. En menos de una semana pasamos de ir a manifestaciones masivas –la del 8M es un arma arrojadiza que la derecha le endilga al gobierno del partido Socialista en el poder– y a partidos de fútbol en la zona cero de la pandemia, a decretar el estado de alarma más extremo que se ha llevado en los países de Occidente: todos cerrados en casa con medidas durisimas, y de golpe enterarnos de que el sistema sanitario no era capaz de resistir la atención de una pandemia. 

La imagen de los enfermos tirados por los suelos en los hospitales de Madrid, la que nunca creímos que veríamos, lo mismo que en Cataluña. Y la vimos. Y así nos enteramos de que el ratio camas de hospital por número de habitantes era bastante pobre en los sistemas sanitarios españoles, y mucho peor aún el ratio de camas UCI por habitante, que en Europa parece que el único país que sale airoso es Alemania.  Se pueden ver las cifras en el siguiente gráfico https://elordenmundial.com/mapas/cuantas-camas-uci-tiene-cada-pais/

Entonces es cuando nos enteramos de que existe un debate “edadista” a la hora de elegir a quién se prima a la hora de tratar en cuidados intensivos en un momento de escasez de infraestructuras hospitalarias de este nivel. Y es aquí donde surgieron los dilemas de priorizar por edad y por quien tiene más posibilidades de sobrevivir. Parece que este debate moral existe en la sanidad desde siempre, sobre todo en situaciones de emergencia. Pero esta disyuntiva ética no estaba ya en la mente de todos , y volvió a salir a la luz ahora.

En España, el primer documento que se hizo público fue emitido por la Consejería de Salud de la Generalitat de Cataluña en el que se promueve la “limitación de esfuerzo terapéutico para pacientes con sospecha de Covid-19 e insuficiencia respiratoria aguda”. Además, se desaconseja el empleo de ventilación mecánica invasiva para los pacientes de COVID-19 que superen los 80 años, así como para todas aquellas personas dependientes o que presentan enfermedades en avanzado estado. 

Esa dramática decisión de supervivencia por edad alertó las alarmas de la discriminación por edad que por cierto parece que se aplica siempre en la medicina. Este debate es muy interesante porque se toca con los principios morales de la eutanasia, y de las decisiones personales y de los familiares a prolongar la vida, o no, sin contemplaciones. En efecto, en medio de la crisis del coronavirus nadie se preguntó ni preguntó a los mayores si querían entrar en las UCI para seguir respirando de manera mecánica. El protocolo de la Generalitat es aún más claro y dice que “la edad es un criterio importante” aunque –agrega– “no debe ser el único”.

El debate europeo se hizo oír en Bélgica. La sociedad belga de Geriatría y Gerontología dio una directriz según la cual los mayores que tengan coronavirus hay que dejarlos morir en las residencias : “No hay nada que podamos hacer por ellos en los hospitales”. La recomendación se centra sobre aquellos que sufren enfermedades ya terminales o demencia, pero no deja de ser demoledora.“Sería inhumano transportarlos al hospital para que murieran allí”, ha añadido Neele  Van Den Noortgate, profesora del hospital universitario de Gante. Esta médica indica que estos criterios se usan con todas las enfermedades y que
una buena atención también significa atreverse a darse cuenta de que las personas van de la vida a la muerte y de asegurarse de que el proceso no se extienda innecesariamente .

No está demás apuntar que estos criterios tan “naturalistas”obedecen a una manera de encarar la muerte en países donde está legalizada la eutanasia.

Del mismo modo, en Holanda, creen que el problema de España e Italia es el valor que se le da a “los abuelos” y que por eso no han dudado en saturar los cuidados intensivos con personas con pocas probabilidades de supervivencia. Fritz Rosendaal, jefe de Epidemiología  del Centro Médico de la Universidad de Leiden, dijo: “En Italia, la capacidad de las UCI se gestiona de manera muy distinta de la neerlandesa. Ellos admiten a personas que nosotros no incluiríamos porque son demasiado viejas. Los ancianos tienen una posición muy diferente en la cultura italiana». 

En todo caso, esta declaración de intenciones refleja un sistema de valores, que incluye la pregunta al afectado sobre si quiere someterse a esos cuidados intensivos con pocas posibilidades de salir airosos, algo que en medio de las urgencias de una pandemia nadie se ha planteado hacer.