martes 28 de September de 2021

Opinión


Ciudades sostenibles, territorios de cuidados

Planificar escenarios pensados para la sostenibilidad de la vida implicará necesariamente poner en el centro de la escena la economía del cuidado


Para terminar con las desigualdades estructurales en las ciudades será necesario implementar una economía del cuidado

Las desigualdades estructurales y sistémicas de América Latina no representan ninguna novedad. Sin embargo, la pandemia de Covid-19 puso en evidencia su crudeza, reforzando todo tipo de vulnerabilidades. Como expresa la arquitecta y activista Ana Falú (2020), las medidas tomadas para hacer frente a la crisis sanitaria afectaron particularmente a mujeres, niñas e identidades diversas en distintas dimensiones territoriales, en las que median relaciones de poder en permanentes disputas y resistencias. 

Por su parte, Alicia Bárcena (2021), Secretaria Eejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), afirma que “en el escenario post-Covid estaremos mucho más pobres y desiguales. Por la tanto, se torna urgente construir un pacto social orientado a la protección social universal y al cambio de paradigma de desarrollo en línea con la Agenda 2030”. Y agrega: “La pandemia es un llamado de atención para abordar las desigualdades de género en la región y replantear los patrones históricos de desarrollo urbano”.

“La pandemia es un llamado de atención para abordar las desigualdades de género en la región y replantear los patrones históricos de desarrollo urbano”, dice Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Cepal

En este sentido, planificar territorios pensados para la sostenibilidad de la vida implicará necesariamente poner en el centro de la escena la economía del cuidado. Aunque se trate de un trabajo invisibilizado y subvalorado en términos sociales y económicos, los cuidados constituyen el 20 por ciento del PBI mundial. Sin embargo, la organización social de estos es totalmente asimétrica entre los géneros.

Las mujeres –en un sentido diverso y plural, dado que el universal mujer no existe– siguen dedicando entre una y tres horas diarias más que los varones a las labores domésticas y entre dos y diez veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados de los hijos e hijas, personas mayores o enfermas (ONU Mujeres), ya sea en las casas, en los barrios, en las instituciones, en los comedores comunales, etc. Esta diferencia crece si los cuidados son llevados a cabo por mujeres con discapacidad, ya que implican una mayor cantidad de tiempo y desgaste físico que la media, aunque no suelen ser consideradas en las estadísticas oficiales.

Frente a este escenario, se torna urgente redefinir los entramados urbanos, adaptándolos al cuidado de la vida a través de distintas políticas públicas de hábitat y vivienda, que tomen en consideración –como lo plantea Ana Falú– las convivencias ancladas a las experiencias que nos toca vivir (desde el cuerpo, la casa, el barrio, lo urbano, lo rural) en territorios que aún siguen regidos por una construcción patriarcal, androcéntrica y neoliberal.

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La autora es licenciada en Relaciones Internacionales y miembro del área de Ciudades Sostenibles del Centro GEO de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA).