lunes 25 de October de 2021

Opinión


Empresas de triple impacto y la importancia de su regulación

Cada vez son más los emprendimientos comerciales que buscan generar un impacto social y ambiental positivo en la comunidad a través de las actividades económicas que desarrollan


Empresas de triple impacto y la importancia de su regulación

Si algo ha visibilizado la pandemia es que vivimos en un mundo con índices cada vez mayores de desigualdad social y concentración de la riqueza. Durante 2020 hemos observado cómo algunas de las empresas líderes del mercado global han incrementado significativamente sus ganancias, mientras que millones de personas a lo largo de todo el mundo –y con especial énfasis en América Latina– han perdido sus empleos y caído en la pobreza. 

Por otro lado, durante el año pasado hemos sido testigos de numerosos desastres naturales –inundaciones, terremotos, huracanes, entre otros–, muchos de ellos motivados y agravados por el impacto del cambio climático y el calentamiento global. A ello se suman una serie de incendios forestales sin precedentes, muchos de los cuales han sido el resultado de prácticas económicas irresponsables, basadas en un modelo expansivo y extractivista totalmente ajeno a la conservación del ecosistema.

Todo estos ejemplos sirven para demostrar que hoy nos encontramos en un momento de la historia en el que resulta urgente un cambio en el paradigma económico, social y ambiental que aún predomina. En otras palabras, no hay futuro posible si no repensamos radicalmente nuestros modos de producción y consumo.

¿Por qué las empresas de triple impacto ahora?

En este contexto, se vuelve imprescindible el surgimiento de emprendimientos comerciales que ya desde su misión y visión tengan como prioridad atender las necesidades sociales y preservar el ambiente en el que se desarrollan. Modelos de negocios cuyo impacto social y ambiental positivo en la comunidad resulte tanto o más importante que los beneficios económicos que persiguen. Precisamente a ello apuntan las denominadas “empresas de triple impacto” o “sociedades de beneficio e interés colectivo” (en adelante, “BIC”). 

El triple impacto trae consigo una revolución en el modo en que se ha concebido al mercado durante los últimos dos siglos: un sistema salvajemente competitivo en el cual la única utilidad relevante era la maximización de las rentas. En este esquema, la responsabilidad social empresaria quedaba relegada, en el mejor de los casos, a una gerencia de poca influencia dentro de la estructura de la organización. 

Las empresas BIC, por el contrario, colocan a la responsabilidad social y ambiental en el centro de la escena. Ello se debe a que aspiran a un desarrollo económico sustentable, en el que el crecimiento empresarial solo se justificará en la medida en que con ello también aumenten los beneficios para la comunidad.

Lamentablemente, en buena parte del mundo estas empresas todavía carecen de un marco regulatorio que las proteja jurídicamente e incentive a invertir en ellas. Así y todo, en los últimos años ha habido avances en varios países, y en América Latina ya son tres –Colombia, Ecuador y Perú– los países que cuentan con “leyes BIC”. En la Argentina, este tema se ha puesto en la agenda legislativa en más de una ocasión, y este año tenemos nuevamente la oportunidad de que sea debatido en el Congreso.  

Una economía comprometida con la justicia social y ambiental es posible. En tiempos de tanta incertidumbre y profundas transformaciones globales, es momento de asegurar las bases para la construcción de un futuro más igualitario, inclusivo y sostenible. Las empresas de triple impacto constituyen un hito fundamental en pos de ese objetivo.

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El autor es estudiante de abogacía (tesis en curso) y asesor legislativo en el Congreso de la Nación