sábado 18 de September de 2021

Opinión


Entender la alimentación desde una perspectiva sustentable

La humanidad necesita urgente un cambio hacia un estilo de vida que respete la naturaleza y el mundo en el que vivimos: el consumo consciente


El consumo consciente debe volverse una práctica habitual

De un tiempo a esta parte he tenido la oportunidad de participar de diferentes proyectos dentro de Sinergia, una empresa que innova y apuesta a fomentar nuevas formas de habitar nuestro entorno. Dentro del ecosistema de Sinergia estoy involucrada con el área de alimentación, que promueve prácticas de consumo consciente.

Actualmente, existe una tendencia por parte de los consumidores a cuestionar el proceso productivo de los alimentos y el impacto que estos generan a nivel ambiental, social, cultural y económico. Este interés es impulsado por tres grandes motivos: ética, bienestar y sustentabilidad. Pero ¿cómo llevar a cabo una alimentación consciente y sostenible? 

Creo que es importante empezar a analizar nuestro entorno y nuestras elecciones del día a día. Muchas veces, son heredadas del sistema en el que vivimos y no nos detenemos a pensar el proceso productivo de ese alimento y qué impacto genera. Pero cuando empezamos a investigar, comenzamos a ver las problemáticas asociadas a las grandes industrias alimentarias: la explotación de recursos naturales, de recursos humanos, la pérdida de la calidad nutricional de los alimentos, el uso excesivo de plástico para su conservación, y hasta la huella de carbono que genera trasladar alimentos de diferentes partes del mundo (por nombrar solo algunas problemáticas). 

Si queremos combatir estas problemáticas es necesario transformar nuestros hábitos alimenticios y de consumo. No es un cambio que se genere del día a la mañana, pero se puede ir construyendo con pequeñas acciones. Por ejemplo, apostando por alimentos agroecológicos locales de estación, delos cuales nos aseguramos que en su proceso productivo no se hayan utilizado agrotóxicos ni tampoco haya habido explotación de la mano de obra y en donde se respetan los procesos de la naturaleza y la biodiversidad. El hecho de consumir local es colaborar con los productores locales, reactivando la economía del sitio donde vivimos. 

El consumo consciente como valor

Actualmente estoy trabajando en dos proyectos de Sinergia que promueven hábitos de consumo alimenticio sustentables: Kitchen Studio y SENDA. 

Kitchen Studio es un espacio para entender, estudiar y desarrollar habilidades de cocina y consumo consciente. Se realizan talleres y eventos, se producen alimentos y se proponen otras experiencias vinculadas a la comida, la naturaleza y nuestro modo de habitarla.

En este proyecto, creemos que a través del descubrimiento, investigación y la transferencia de conocimientos podemos lograr la mejora en las prácticas alimenticias, trabajando en cuatro ejes: hábitos saludables, cocina histórica, descubrimiento y herramientas competitivas. Conectamos con diferentes actores de la comunidad que se especializan en estas áreas y quieran transferir sus conocimientos a personas vinculadas a la gastronomía, y público en general que quiera adquirir nuevas herramientas para mejorar su alimentación. 

Por otro lado, está SENDA, mercado agroecológico de Montevideo, certificado por la Red de Agroecología del Uruguay, que busca colaborar en el nexo de las personas con los productores locales, apostando a visibilizar la importancia de consumir frutas y verduras  locales y de estación, y promoviendo  nuevas formas de aprovechar los productos locales, para consumirlos en su totalidad, reducir los desperdicios y alimentarse de forma diferente.  

Me siento muy afortunada de formar parte de iniciativas que fomenten lógicas de consumo consciente. Creo que como humanidad necesitamos urgente un cambio hacia un estilo de vida que respete la naturaleza y el mundo en el que vivimos. Claramente dependemos de las grandes potencias, industrias y empresas para lograr un cambio radical, pero mientras tanto creo que todos estamos invitados a incentivar cambios desde nuestra cotidianidad. Nosotros como consumidores también somos agentes de cambio, y apoyando a nuevos emprendimientos y proyectos de impacto social podemos multiplicar pequeñas acciones que ayudan a pensar en nuevas formas de habitar el mundo. 

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La autora es diseñadora, artista y apasionada de la gastronomía; se formó como diseñadora industrial en la Escuela Universitaria Centro de Diseño (EUCD) y participa en diferentes proyectos gastronómicos en los que aplica metodologías de diseño al mundo alimenticio, poniendo especial énfasis en iniciativas de economía circular y  sustentabilidad