miércoles 22 de agosto de 2019

Experiencias N+: «Mucho ruido y pocas nueces» con todo el genio de Shakespeare

Graciela Melgarejo por

Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare, representado magníficamente por la Compañía de Repertorio de la Fundación Shakespeare Argentina

¿Cuándo Shakespeare es más Shakespeare? ¿Cuando escribe comedias irresistibles o cuando descuella en la tragedia? Shakespeare es un imán tan poderoso que todo lo que de él se represente sobre un escenario llamará, por lo menos, la atención de sus admiradores. Pero cuando, como ahora Mucho ruido y pocas nueces, es interpretado cabalmente –puesta en escena, actuaciones, vestuario y escenografía, luces, más música y músicos–, su genio brilla de manera incomparable y el público es inmensamente feliz.

Esa fue la experiencia, el martes pasado a la noche, en el porteño teatro La Comedia. La Fundación Shakespeare Argentina (FSA) eligió esta obra, escrita entre 1598 y 1599, para la cual el director Jorge Azurmendi hizo su versión y dirección general. Azurmendi conoce muy bien la obra de Shakespeare ya que, en 2011, dirigió Noche de reyes, y en 2014, también con la FSA, inauguró la compañía de repertorio de la Fundación con la puesta en escena de Como les guste.

La FSA es una institución cultural, sin fines de lucro, creada en 2011, que se propone «incrementar el estudio, profundizar el conocimiento, el goce, la apreciación y difusión de la vida y obra de Shakespeare» en nuestro país, y su proyecto denominado Compañía de Repertorio de la Fundación Shakespeare Argentina sido declarado de Interés Cultural y aprobado por el Ministerio de Cultura porteño en el marco de la Ley de Mecenazgo.

Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare, en el teatro La Comedia, por la Compañía de Repertorio de la Fundación Shakespeare Argentina
El alguacil Dogberry y sus guardias, listos para revelar involuntariamente la verdad oculta tras los viles engaños de un noble

Mucho ruido y pocas nueces gira, como la mayoría de las comedias del genial creador inglés, entorno a engaños, apariencias, rumores y habladurías. Brevemente, puede decirse que se trata de la historia de un amor a primera vista juvenil y arrebatado, el de Hero y Claudio, que un noble celoso trata de arruinar con una mentira vil. Alrededor de ellos, el resto de los personajes tejen y destejen engaños hasta alcanzar -después de una situación casi trágica y muy violenta– no solo la verdad sino la alegría final con amores consagrados y en armonía.

En 1993, Kenneth Branagh hizo una brillante adaptación cinematográfica de Mucho ruido y pocas nueces, con un elenco lleno de nombres muy famosos. Sin embargo, para gusto de quien esto escribe, esta obra hay que verla representada en un escenario, porque es en el teatro cuando mejor revela ese juego maravilloso de simulación y retractación constante (del cual Benedicto y Beatriz, la pareja que se resiste al amor, son los máximos exponentes), y así relacionarla con las otras obras de su autor e integrarla a todo el universo shakespeariano. ¿Acaso en el villano Don Juan no está ya el germen de Yago? ¿Las peleas de Benedicto y Beatriz, en las que se sacan chispas por ver quién es más ingenioso no se parecen a las de Catalina y Petruchio, de La Fierecilla Domada? Y el delicioso y torpe Dogberry, el alguacil, y los igualmente torpes y graciosos miembros de su guardia, ¿no están en línea con todos aquellos otros personajes de reparto de sus comedias y hasta de sus tragedias, fundamentales para que se descubra la verdad detrás de las apariencias y engaños?

La versión de la Compañía de Repertorio de la FSA es de una poco común calidad: el nivel de excelencia de todos sus actores y el de los músicos en escena; la deliciosa escenografía (con esos paraguas mágicos que cubren, descubren y hasta sirven como defensa), y la música original y el diseño de luces contribuyen a que la puesta en escena logre un unánime momento de felicidad y plenitud, tanto sobre el escenario como debajo de él, porque los apasionados aplausos y bravos de los espectadores no son ni apariencia ni simulación, sino auténtico entusiasmo. Esta rica experiencia está muy bien resumida en una frase del programa de mano: escribe el director Azurmendi que todo ocurre como «una celebración del teatro, y por eso el inicio y el final contagian esa alegría».

+ INFO: todos los martes de agosto, a las 20.30 en el teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062, entradas en boletería o en Plateanet; en FB, Shakespeare Argentina y en Twitter @ShakespeareArg