miércoles 21 de agosto de 2019

«Imposible», de Isol, un audaz acertijo para padres ansiosos

Graciela Melgarejo por

"Imposible", el último libro de Isol, otro hallazgo literario de FCE

Ilustradora, escritora y cantante, Isol siempre sorprende en cada nuevo libro que publica, por eso da tanto placer leerla, cualquiera sea nuestra edad.

No sé ustedes, pero yo no podría desprenderme de ninguno de sus textos, en una eventual y no deseada mudanza. Ni de La bella Griselda, ni de la serie de Los Primerísimos (Secreto de familia sigue siendo mi favorito) –todos editados por el Fondo de Cultura Económica FCE–, por ejemplo.

"Imposible", de Isol, publicado por el FCE
Isol (Marisol Misenta)

Isol (Marisol Misenta) es argentina y, además de ilustrar, escribir y diseñar sus libros –una artista del Renacimiento, pero en el siglo XXI–, también es poeta, creadora de tiras cómicas y cantante. Ha sido finalista, entre otras distinciones, del premio Hans Christian Andersen en dos ocasiones, y en 2013 ganó el premio Astrid Lindgren por crear libros con imágenes «desde la perspectiva de los niños» y que «vibran con energía y emociones explosivas». Ahora, con Imposible ( también en FCE) logra más energía y emociones explosivas que nunca, para encantarnos nuevamente como una moderna Sherezade y dejar su mensaje «aleccionador» y sin ninguna moralina, esta vez dirigido a padres ansiosos, .

La editorial FCE publica "Imposible", de Isol

El argumento de un cuento o de una novela nunca debe ser espoileado, por supuesto. Pero baste decir que en Imposible hay una madre y un padre enfrentados a… un imposible: convivir con su hijo Toribio de dos años y medio, al cual quieren mucho, mientras tratan de tener también ellos una vida. Ocurre que en este delicioso librito el punto de vista de la narración sigue los deseos y lamentaciones de estos padres, que se adivinan jóvenes y un poco carentes de experiencia o de paciencia, o de ambas virtudes a la vez. Los que hayan estado en tratos con niños, y sobre todo niños pequeños, saben que hay que armarse de mucha paciencia para verlos crecer y para ayudarlos en ese camino de maduración que implica muchos pasos; por ejemplo, ¡el famoso control de esfínteres!

La desesperación nunca es buena consejera y, por eso, la solución que encuentran para criar a Toribio y, al mismo tiempo, poder dormir toda la noche, salir a pasear otra vez o ver televisión sin quedarse dormidos de cansancio, no es la mejor, cosa que los lectores podrán comprobar al final del libro. Pero, en el entretanto, el placer infinito que da seguir sus peripecias a través del texto justo y las ilustraciones plenas de humor y conocimiento –Isol ha tenido y tiene niños pequeños propios– hacen que llegar al final imprevisto sea una aventura más, y que el arte encarado como lo hace Isol volverá inolvidable.