viernes 04 de December de 2020

Quién es Martín von Hildebrand, el custodio de la Amazonía

Mediante un acuerdo con Gaia, Guayakí internaliza los costos del cuidado de las fuentes del agua e inspira a otras empresas que le den importancia a este servicio planetario que no debe ser gratuito

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Gaia:Martín von Hildebrand, el custodio de la Amazonía

Lleva más de 50 años en el Amazonas y 30 en la Fundación Gaia Amazonas, que fundó para mantener viva la conexión entre los ecosistemas Andes–Amazonía–Atlántico a través de la articulación con el gobierno y la sociedad civil.

«Antes de eso me involucré directamente en la adquisición de las tierras indígenas en coincidencia con el gobierno colombiano, que les reconocía inicialmente 26 millones de hectáreas de manera inalienable, el territorio indígena continuo más grande del planeta. Lo hice después de vivir una década con los indígenas y he compartido con ellos diferentes formas de abordar el tema. Esa es la historia de lo que yo he hecho. Gaia Amazonas ha seguido fortaleciendo esta situación en sus gobiernos, su educación, su salud, etcétera”, relata Martín von Hildebrand, también presidente honorario de la Fundación Gaia Amazonas, en una entrevista exclusiva con NOTICIAS POSITIVAS desde Colombia.

¿De dónde viene tu lluvia?

Según algunos científicos, el 70 por ciento del agua que llega al cono sur proviene de la Amazonía a través de los ríos voladores. Un árbol consume una tonelada de agua pura por metro cuadrado al día, luego se produce una gran evaporación, mayor que la del mar. De esa cantidad de agua que evapora el Amazonas, los vientos –hay varias teorías, si son los alisios o la bomba biótica- llevan la humedad hacia los Andes por el Cono Sur y también suben al Medio Oeste de los Estados Unidos.

Gran parte de esta agua se absorbe y suben por el aire 20.000 millones de toneladas que también se devuelven al río Amazonas y 17 se redistribuyen. El agua llega a la Argentina o al Paraguay. Empresas como Guayakí, la yerbatera regeneradora norteamericana con operaciones en Paraguay, Brasil y la Argentina, dependen de esa agua: si pierden el Amazonas, pierden el agua que necesitan para sus cultivos.

Pagar por el agua de lluvia

«Guayakí decidió incluir el agua que está consumiendo directamente como costo. Así estimaron un precio por mantener el Amazonas, para retribuir así por los servicios ambientales. Buscaron a Gaia como socio ya que hace más de tres décadas que estamos trabajando con los pueblos indígenas, con los cuales se está montando un programa muy importante de gobernanza indígena, no solo como una entidad pública sino también como una entidad político-administrativa.», explica Martin.

El acuerdo Guayakí- Gaia es una idea innovadora que no tiene precedentes: internalizar los costos del cuidado de las fuentes del agua y ser inspirador para otras empresas que le den importancia a este servicio planetario que no debe ser gratuito. Estas externalidades deben ser compensadas e integradas a los costos. 

Martín von Hildebrand, presidente honorario de la Fundación Gaia Amazonas

-Por primera vez una empresa está reconociendo el costo de los servicios que recibe, conocidos como externalidades.

-Sí, porque no están pagando o comprando al bosque para reducir las emisiones, lo que se ha llamado «red clause», mediante la cual las empresas emiten y polucionan, ya que el bosque secuestra CO2, entonces si la empresa protege un área del bosque, está compensando el equivalente. Esto no es lo mismo, aquí no estamos tratando de reducir o secuestrar CO2 para pagar menos impuestos en otro país. Estamos viendo las externalidades con las cuales contamos como el agua, en este caso; nos estamos metiendo en los costos y lo estamos internalizando. Es un modelo hasta ahora único.

-Gaia invierte el ciento por ciento de lo que percibe de los recursos de Guayakí, pero no cobra nada de administración del Programa Innovación y Liderazgo de jóvenes, hombres y mujeres indígenas. ¿El papel de Gaia es de garante del modelo?

Mucho más que garante. Desde hace tres décadas, venimos acompañando todo un proceso. Pero no se logró hasta hace muy poco porque, si bien está  en la Constitución, no estaba reconocido totalmente. Gaia participó para que el gobierno se aliara y para conseguir la financiación necesaria para montar un centro con los indígenas, diseñado por ellos, en donde capacitarse para asumir esos roles de gobierno, equivalente a un municipio.

Capacitarse no es entendido desde la perspectiva occidental, sino a partir del conocimiento tradicional de los chamanes, de su forma de comprender el mundo. Allí se capacitan y complementan con aquellas experiencias y conocimientos que necesitan para establecer sus relaciones con los demás gobiernos municipales como con el gobierno nacional. Gaia ha obtenido unos recursos principalmente del gobierno de Noruega para adelantar esos procesos. No estamos tomando la plata, que tampoco es mucha inicialmente, porque considera que el trabajo que los indígenas han hecho tradicionalmente como cuidar el bosque es su trabajo. Para nosotros tenemos otros fondos independientes, obviamente sin ellos no podríamos hacer nada. Pero los recursos para los indígenas, son ellos quienes deciden cómo se redistribuyen: para movilidad, para unas especies de becas a los jóvenes, etcétera.

-Se habla de las Nuevas Economías que tienen que ver con lo social y la interdependencia, con la regeneración y también con la economía del cuidado, vinculada al trabajo invisibilizado de las mujeres en el hogar. En este caso, los indígenas son los cuidadores del ambiente, ¿cómo lo ves?

-Cuando hablamos de la economía del cuidado tenemos que pensar que son problemas de la economía de Occidente. Los indígenas dirían: “Es un problema de los blancos”. Muchos problemas de explotación, de género, de injusticia, son generados por nuestra cultura de la que a veces se contagian los indígenas inevitablemente.

Para nuestra visión, la Naturaleza es una colección de objetos que explotamos en la minería, el petróleo o la madera. Gran parte de nuestra economía está fundamentada en explotar los recursos naturales.

Los indígenas creen que la naturaleza es una gran comunidad de sujetos a la cual pertenecemos. La relación de respeto y reciprocidad es con todo y lo simbolizan en su mundo espiritual y religioso. Hay dueños espirituales a los que uno tiene que pedir permiso y ellos lo dan hasta un punto: cazar tantos animales o utilizar tantos árboles. Y ellos deben hacer rituales y devolver esas energías.

Volviendo a lo que tú dices, para la cultura indígena el cuidado está con la mujer y está con los hombres. La responsabilidad fundamental del chamán es mantener el orden y el ritual, y las restricciones del uso del medio ambiente, alimentarias, sexuales. Todo para mantener un equilibrio dinámico. Las mujeres también están al cuidado, pero se las ve como la tierra misma, es la madre, es la vida y la que da vida. Y se complementan porque la naturaleza y la mujer es lo que da vida, y lo masculino es lo que mantiene el orden y entre ellos están cuidando el mundo. Porque para ellos más que bien y mal, hay orden y desorden, en el mejor sentido de la palabra, no en un sentido militar.

La naturaleza tiene en su esencia un orden que hay que respetar, es la ley de origen. Hay una historia en el planeta que ellos reconocen, la Tierra Madre enterró el oro y el petróleo porque al mundo que viene no le va a servir, le va a crear conflicto, peleas y poluciones. Por lo tanto, ellos dicen: “No toquen lo que está en el suelo porque la Tierra Madre lo guardó”. Era para otras épocas, en otros momentos, pero ahora no. Tienen una idea de lo femenino como lo creativo, como toda la vida, la salud. Lo masculino es mantener el orden, pero no es una relación separada, están íntimamente ligados lo masculino y lo femenino en un flujo permanente. Pero cuando uno saca las cosas de su lugar, crea desorden. Cuando van de cacería el chamán pide permiso, y no es solo la meditación. Cuando el chamán medita entra en lo profundo de sí mismo porque somos naturaleza. Tenemos un pensamiento racional y una experiencia espiritual, porque el pensamiento indígena es la intimidad con el entorno. Ser uno con el entorno, si uno no llega a la intimidad no llega a la espiritualidad. Entonces la economía del cuidado está profundamente arraigada en la cotidianeidad de los indígenas. Es otro enfoque.

-Hay que pedir permiso a la naturaleza, hay que mirar para atrás, hacia el pasado.

-No solo en las constituciones de Bolivia y del Ecuador se reconocen los derechos de la naturaleza. La Corte Suprema de Colombia reconoció toda la Amazonia colombiana como sujeto de derecho. En los Estados Unidos hay más de 45 municipios que reconocen los derechos de la naturaleza. Y se reconocen en muchos otros países. Estamos avanzando en el mundo ante la crisis climática y nos estamos dando cuenta de que esto es una gran comunidad en la que los animales tienen derechos, las plantas tienen derechos y todos tenemos derechos. No sabemos muy bien cómo ponerlo en nuestra legislación, pero vamos avanzando en esa dirección y en este sentido los indígenas son el futuro.

Tenemos que buscar inspiración. Hay 6000 culturas diferentes de las nuestras, donde somos la dominante. Tenemos que escuchar otros paradigmas diferentes de nuestra sociedad de consumo. Ya la física cuántica lo está viendo. Ellos tienen respuesta para el futuro y son fundamentales.

Hablemos de los ríos voladores

-Son los que atraviesan la selva, traen el 70 por ciento del agua de la transpiración de los bosques al Cono Sur. Pero también desde el Atlántico la transpiración lleva el 80 por ciento de agua a la China. Sin esos ríos voladores que vienen de Escandinavia y de Rusia, la China no funcionaría. No viene del Pacífico que está al lado, viene del Atlántico, lejísimos. Y si hablamos del río Nilo, no funcionaría sin el agua que se evapora en el Congo. Si vamos a hablar del derecho al agua, tenemos que pensar de dónde vienen las fuentes. Tenemos que pensar en los bosques tropicales y boreales,y quiénes habitan allí y qué están haciendo los gobiernos para cuidar eso. En el Amazonas están los indígenas, pero todo está relacionado, somos interdependientes, si no reconocemos eso y no nos complementamos, si no construimos por intercambio y reciprocidad ni pedimos permiso, no nos va a funcionar el sistema.

Los indígenas no son del pasado, han vivido tanto tiempo como nosotros y han evolucionado al margen de la tecnología, pero no de la espiritualidad, ni de la filosofía o del conocimiento del medio ambiente. En Occidente somos muy colonialistas y tendemos a negar al otro. Tenemos que aprender a escucharlo y a hablar en pie de igualdad. ¿El mito vale más que la ciencia? Esa no es la discusión. Si yo veo unos árboles y digo: “Esos árboles son plata”, los tumbo y los vendo. Si yo digo: “Esos árboles son sagrados o tienen dueño”, no los tumbo, los cuido. Entonces, el impacto de mi cultura de pensar que ahí hay un dueño es un impacto positivo para mi empresa. El que lo ve solamente como un recurso para hacer plata, tiene un impacto negativo.

-¿Cómo aceleraría la educación la comprensión del conocimiento ancestral?

-Lo fundamental es comprendernos a nosotros mismos. Si queremos respetar al otro, tenemos que entender quiénes somos. Y si queremos comenzar con los niños, tendríamos que comenzar con la historia del universo. Lo tomaría en tres grandes ciclos: la galáctica o los planetas y estrellas, la biológica o la vida, y la cultural. Todas emanan una de la otra. Todos formamos un conjunto, la historia del universo está en nosotros. Y en nosotros está la conciencia del Universo, que quiso tomar conciencia para celebrarse. El punto es que si entendemos que somos uno solo con la naturaleza y los niños entienden que somos uno solo con la evolución del planeta, entenderemos que todos tenemos una entidad profunda de ser la naturaleza. Empecemos a escuchar a los demás, porque todos tienen algo que decir y con qué contribuir. Tal vez en Occidente en algún momento nos desviamos en la conciencia del Universo hacia una explotación de los recursos naturales de una forma desmesurada. Más que dar un curso para cuidar a la naturaleza y seguir pensando que la naturaleza está allá y nosotros acá, hay que pensar que pertenecemos a la naturaleza. Tenemos que cambiar el paradigma y vernos como una parte de la naturaleza.