domingo 20 de octubre de 2019

«Filósofa punk. Una memoria», de Esther Díaz, o cómo hacer filosofía con la propia vida

Todo tipo de vivencias personales atraviesan la autobiografía de una de las intelectuales argentinas más reconocidas, en una obra escrita con la rebeldía y la lucidez que la caracterizan desde siempre

Graciela Melgarejo por

"Filósofa punk. Una memoria", de Esther Díaz, pone en primer plano el hacer filosofía con la propia vida

Escribe la doctora en filosofía Esther Díaz en la página 101 de Filósofa punk. Una memoria (Editorial Ariel): «El epígrafe rezaba: Sócrates bebiendo la cicuta. Leí que ese señor era un sabio y la cicuta el veneno que lo habían condenado a tomar; que el verdugo le había advertido que le convenía quedarse inmóvil para que el efecto lo hiciera sufrir lo menos posible, pero que Sócrates prefirió continuar hablando de filosofía con sus amigos hasta el final. Pensé que, si existía algo tan apasionante que dejaba a la muerte en un segundo plano, lo quería para mí. En esa época yo ignoraba qué era la filosofía, pero de todas formas la elegí».

Esther Díaz supo muy niña, vagamente, que la filosofía iba a ser su vida. Debió atravesar antes muchos obstáculos: como mujer a la que sus padres no la dejaban seguir estudiando más allá de la primaria por eso mismo, porque era mujer y no lo iba a necesitar en la vida; como esposa, con un marido golpeador con el que tuvo dos hijos a los que tuvo que mantener ella sola con su trabajo de peluquera. Sin embargo, se sobrepuso a todos esos avatares y a muchos más y, finalmente, no solo se recibió de profesora en Filosofía, sino que hizo también el doctorado y es hoy una de las especialistas en la obra de Michel Foucault más reconocidas de la Argentina.

"Filósofa punk. Una memoria", de Esther Díaz, en Editorial Ariel

Esther Díaz, por Sebastián Freire

Así es Esther Díaz: nacida en Ituzaingó en 1939, cursó sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y también obtuvo un doctorado en Filosofía. Profesora e investigadora, su obra incluye estudios y ensayos sobre los discursos y las prácticas sexuales contemporáneas; ha publicado libros y artículos en donde indaga el problema de la posmodernidad y las expresiones de esta última tanto en la ciencia como en la vida cotidiana, y uno de sus principales aportes conceptuales es la construcción de una epistemología ampliada a lo político y a lo social. Hasta aquí un resumen de su currículum –es, por supuesto, mucho más largo– que, sin embargo, no alcanzaría a revelar su verdadero hacer filosófico, sino fuera por la publicación del libro que estamos comentando aquí y su trabajo protagónico en la película Mujer nómade.

«Camarada, esto no es un libroquien toca esto toca a un hombre«, escribió el poeta Walt Whitman. Lo mismo puede decirse de Filósofa punk. Una memoria. Leer este libro y, mejor aún, releerlo es encontrarse con una mujer, una autora, en estado de parresía: «Vivo atravesada por el decir franco y visceral. El parresiasta todo lo dice, se abre y va de frente sin remilgos. Asume el riesgo de que sus expresiones puedan ofender, pero disfruta la ventaja de generar empatías y conexiones fecundas». Podríamos decir, además, que Díaz por ese mismo estado ha decidido escribir un libro asombroso y poco común dentro del mundo literario argentino: la autobiografía de una filósofa cuyo discurso, contra todo lo que es habitual, está contaminado «con la carne, la transpiración, el semen, la menstruación, la saliva, la mierda, las lágrimas», esa parte de la identidad de los autores que habitualmente se esconde. Transcriptas esas vivencias con una prosa espléndida, caótica, y sin seguir una cronología rigurosa, pero firmemente atada a los acontecimientos más importantes de una vida larga, una vida de 80 años que se manifestó como inquieta e insatisfecha desde muy pequeña: «Trágica y cómica al mismo tiempo.»

Ha habido maestros y profesores en la vida de Esther Díaz y a todos rinde homenaje, lo mismo que a aquellos escritores cuyas obras le han servido para ir decantando, con sus citas, estas 284 páginas que se leen, también, en un estado especial del espíritu lector: con asombro, interés creciente, comprensión y profundo agradecimiento.