jueves 25 de February de 2021

El «Sistema Ser» es una de las diez empresas que más contribuye a los ODM

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Desde Nueva York y en una entrevista exclusiva con NOTICIAS POSITIVAS (que fue posible gracias a la gestión de la oficina del PNUD en NY), El Dr. Gronda explica cómo funciona el Sistema Ser y cómo las mujeres fueron partícipes de este modelo de vanguardia, habla del derecho humano de la dignidad y fundamenta el porqué el sistema no es gratuito. Las claves de una empresa sustentable de salud explicada por su protagonista.

NOTICIAS POSITIVAS: informe especial – El médico ginecólogo y emprendedor social argentino Jorge Gronda (54) recibió en Nueva York el Premio Mundial Empresarial y de Desarrollo 2008 por su Sistema Ser (SSer), el modelo empresarial de salud innovador, autofinanciado y sustentable, que desarrolló en la provincia argentina de Jujuy y que provee cuidados primarios de salud a muy bajo costo. Su objetivo es mejorar la salud de quienes están en la base de la pirámide social e incrementar su acceso a la salud.

El premio es impulsado por la Cámara de Comercio Internacional (CCI), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Foro Internacional de Líderes Empresariales (FILE), y convierte al Sistema Ser en una de las diez compañías seleccionadas en todo el mundo por su contribución a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

En diálogo con NOTICIAS POSITIVAS, desde Nueva York, el doctor Gronda explica cómo el Sistema Ser permitió demostrar que es posible brindar salud de primer nivel a la base de la pirámide social y contemplar al mismo tiempo la necesidad de los profesionales de la salud de que su trabajo sea rentable.

«Creo que lo que está llamando la atención es la innovación en la gestión empresarial, el criterio de selección de los profesionales y la calidad de atención a los pacientes con un costo mucho menor que el de mercado. SSer logró subir la autoestima de médicos rurales y pacientes, además de brindar salud a unos y trabajo digno a otros. Creamos un esquema sustentable donde el lucro pasa a ser un medio y no un fin, y curiosamente lo que pasó es que se creó mucho lucro en un contexto de bienestar para pacientes y médicos. Aquí no quedan recursos atrapados en la administración: el médico se queda con la ganancia de la consulta en su totalidad y el sistema se sostiene por la Fundación Ser».

En 2005, Gronda  -que es también  fellow de Ashoka y líder social de Avina- ya había recibido por esta idea el premio al Emprendedor Social del Año, distinción que entrega anualmente la Schwab Foundation, organización relacionada con el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, lo que dio visibilidad internacional a esta propuesta.


Sustentabilidad: la clave
El SSer consta de dos componentes: una fundación sin fines de lucro (Fundación Ser) y una red de proveedores de servicio no exclusivo (con fines de lucro), entre ellas los consultorios base Centro Ginecológico Integral(Cegin) co sede central está en San Salvador (23.0000 habitantes) pero también con otros tres en las ciudades de Tilcara (10.000 habitantes); Ledesma (75.000 habitantes) y Perico (100.000 habitantes). Estos consultorios llevan el nombre Cegin pero no deben pagar nada por ello, solamente adherirse al sistema de trabajo.

La adhesión al sistema se logra mediante la compra de una tarjeta por un costo de 10 pesos por año; esto habilita al acceso de una variedad de servicios médicos y prescripciones de medicamentos a un costo menor al del mercado (un Papanicolaou, por 30 pesos,  o una consulta médica, por 15).

«La tarjeta SER no es estrictamente una prepaga, una obra social o una tarjeta de crédito, aunque tiene un poco de cada una. Es un sistema de inclusión social, de pertenencia, para que las personas que la posean mejoren su autoestima, porque les da la posibilidad de sentir que, de alguna manera, pertenecen a la sociedad donde viven y que alguien los tiene en cuenta. Que se los respeta porque son capaces de mantener un sistema que no los hace sentir unos inútiles incapaces de brindarles un mínimo cuidado a sus hijos», afirma Gronda.

Lo recaudado por las membresías de ingreso en el sistema van en su totalidad a la Fundación Ser, y los recursos son utilizados para financiar la administración de todo el sistema (management, tecnología, marketing, etcétera) y financiar en forma parcial las visitas rurales de los médicos hacia áreas aisladas durante las cuales ofrecen servicios totalmente gratuitos al que lo necesite (atención médica, odontológica y psicológica), además de promover la salud mediante talleres de prevención. De estos viajes participan  no solo médicos de Sser, sino también residentes de la Universidad de Tucumán  y de otras regiones de la Argentina

Pasar de ejercer la medicina asistencial a ser un empresario de la salud no fue fácil para quien dedicó casi 30 años de su vida a estar en contacto directo con pacientes, pero desde el convencimiento absoluto de que un cambio radical en la propuesta de los servicios de salud es necesario para proteger a los que menos tienen, Gronda está dispuesto a transitar este camino de innovación.

«La realidad me fue golpeando y enseñando, y me equivoqué muchas veces. Tuve un aprendizaje muy fuerte cuando en una época fui a trabajar con las comunidades más pobres de la provincia, integradas en su mayoría por mujeres solas, aborígenes, no blancas, madres solteras, con un promedio de 8 hijos cada una, que sobrevivían con menos de un dólar por día. Al principio sentí que tenía que ayudar con lo que sabía y trabajé muchos años gratis sin conseguir ningún resultado. Al contrario, mientras más tiempo pasaba, las condiciones de salud empeoraban. Hasta ese momento seguía el mandato heredado de mis maestros, que consideraban indigno pensar en ganar dinero relacionado con la salud. Hoy, cuando miro para atrás me doy cuenta de que en realidad era una actitud comparable a la demagogia de los políticos, pues uno se deja llevar por lo que le conviene, ya sea por creencia o por interés, y termina mintiéndose y mintiéndole a las personas a quienes dice ayudar.»

Cuando se le pregunta quiénes cuestionan que con el SSer las personas de bajos recursos deban pagar por el acceso a la atención de su salud  (aunque sea un precio bajo), Gronda responde con la gravedad de quién ha visto  la muerte innecesaria con sus propis ojos: «Este sistema es algo nuevo, lo estamos haciendo y aprendiendo a cada paso. Quise romper con lo que está pasando con la salud, que coarta el crecimiento de los profesionales y mantiene cautivos a los pacientes por igual. Hay que animarse a decir que, así como están las cosas, esto no funciona para nadie y se puede poner mucho peor. Con este sistema demostramos que los médicos pueden ganar lo justo por su trabajo al mismo tiempo que las pacientes tienen un mejor servicio. Como muchas veces una persona de bajos recursos puede pagarse un televisor en cuotas, entonces pensamos que también puede ahorrar para un parto o una cirugía, eso es dignidad para todos, poner las prioridades en orden y nos lleva a la sustentabilidad. También ofrecemos, por ejemplo, un sistema de cuotas para que las mujeres puedan programar sus cirugías o partos, y puedan tener la dignidad de parir con todo lo necesario, con su habitación privada y los cuidados que necesita su bebé y, como atendemos más de 500 partos por año, pudimos negociar con las clínicas un precio de 1800 pesos por parto, tres veces menos que lo que se pagaría en forma privada.»

Aproximadamente el 45% de la población no poseía ningún sistema de salud antes del Sser  y hoy son  20.000 los miembros adheridos y 60 médicos asociados (consultas, procedimientos externos, laboratorio y diagnóstico), un laboratorio y varias farmacias además de los 4 consultorios Cegin. Los datos son contundentes y el crecimiento esperado es triplicar la cantidad de miembros  durante los próximos tres años.

«Es más difícil y duro decir la verdad -afirma Gronda-, pero los resultados a la larga son mucho mejor para todos. Diciendo la verdad a la comunidad y a mí mismo, logré lo que nunca antes: que las mujeres y los niños más pobres de nuestra comunidad tuvieran acceso a un sistema de salud preventivo digno. A los médicos los respetamos y tratamos con la misma consideración con que se trata a cualquier profesional, artesano o comerciante, a quienes se les paga por sus productos o servicios. Es desmitificar y resignificar la relación médico-paciente poniéndola en el mismo nivel de oferta y demanda que puede tener la de cliente-verdulero, ya que éste cumple con la digna función de proveer alimentos a la población, cubriendo un derecho humano más básico aún que la salud.»

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