martes 21 de noviembre de 2017

Llegó la hora de la Responsabilidad Extendida del Productor (REP)

Es cada vez más evidente que para evitar los impactos ambientales del circuito lineal en el que se basa la economía se necesita un cambio en los procesos de producción y en los productos mismos.

María Eugenia Testa por

Hongos y bacterias que digieren plásticos

Según los cálculos de la Global Footprint Network, nuestra demanda actual de recursos renovables y servicios ecológicos es equivalente a un poco más de 1,5 Planeta Tierra. Estamos usando más recursos de los que el planeta puede ofrecer, y se estima que para 2050, de seguir consumiendo al ritmo actual, la sociedad global demandará 3 Planeta Tierra.

Pero no solo demandamos recursos, también generamos más residuos de los que el planeta puede soportar. Por ejemplo, el Océano Pacífico contiene tal cantidad de residuos plásticos que cubre un área equivalente a dos veces el tamaño de los Estados Unidos.

Es cada vez más evidente que para evitar los impactos ambientales del circuito lineal del extraer-producir-consumir-tirar en el que se basa nuestra economía se necesita un cambio, pero no solo en los procedimientos de extracción de materia prima, en los procesos de producción o en el tratamiento de los residuos, sino también en las características de los productos mismos.

Para romper con esta lógica lineal, la industria debe considerar el ciclo de vida completo de cada uno de los productos que se ponen en el mercado para ponderar el impacto real de su producción y consumo. Esto es así ya que podemos asumir que los impactos ambientales que un producto generará están predeterminados por su diseño.

Es por ello que, a comienzos de la década del noventa en Europa, se empezó a trabajar en el principio de la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), orientado a promover mejoras ambientales para ciclos de vida completos de los productos al extender las responsabilidades de los fabricantes a varias fases del ciclo total de su vida útil, y especialmente a su recuperación, reciclaje y disposición final.

Fueron los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de los primeros que comenzaron a trabajar este principio que hoy se ha vuelto un requerimiento básico del organismo para aquellos Estados que quieran ser miembro.

La Argentina, que ya ha dado los primeros pasos para ser parte de la OCDE, es uno de los pocos países de la región que no cuenta con la REP para la gestión de sus residuos. Países como Chile, Brasil, Ecuador, Bolivia y Colombia ya tienen su propia normativa.

La REP es un principio que muchas empresas comercializadoras de bebidas, alimentos, etc., se resisten a aplicar en nuestro país, aunque muchas de ellas cumplen con normativas de este tipo en otros países. Pero es necesario que estos actores se involucren más y mejor. La Responsabilidad Social Empresaria (RSE) tal como la conocíamos ya no es suficiente.

El fabricante o productor es un actor clave para minimizar los impactos ambientales del proceso de producción y de los productos mismos, porque es quien toma las decisiones sobre los productos que se ponen en el mercado.

Gobiernos, empresas y consumidores tienen cada uno su responsabilidad en la cadena de producción, consumo y descarte, pero es el productor el que ocupa una posición ideal para hacer los cambios en sus productos a fin de alcanzar los objetivos de los programas de responsabilidad extendida de los productores, y estimular la innovación y rediseño en sus productos, promoviendo la fabricación de productos que generen menos desechos o productos que sean más fáciles de reutilizar o reciclar. Y ya es hora de que se hagan responsables por ello.