jueves 14 de diciembre de 2017

Por productos más durables, de diseño ecológico y reparador del ambiente

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Uno de los aspectos fundamentales del nuevo paradigma de la economía circular es poner fin a lo que se conoce como el “diseño para el basurero”, es decir, diseñar y fabricar productos que se descartan cada vez más rápido para ser reemplazados por nuevos, y comenzar a diseñar productos de alta calidad, que se puedan reparar, actualizar y reciclar.

Un concepto clave es la obsolescencia programada. No existe una definición oficial, pero la organización de los consumidores europea, la European Consumer Organisation (BEUC, por sus siglas en inglés), la define como una amplia cantidad de técnicas que los fabricantes pueden utilizar intencionalmente para acortar la vida útil de algunos productos y forzar así a los consumidores a reemplazarlos prematuramente en períodos de tiempo cada vez más cortos para seguir vendiendo en mercados ya saturados. Algunos la llaman también obsolescencia negligente o evitable.

Se pueden diferenciar tipos de obsolescencia programada. La primera, en el sentido más estricto, diseñar un producto con una vida útil más corta o de tal manera que funciona sólo una cantidad limitada de veces. La obsolescencia indirecta, es decir, cuando es imposible conseguir la pieza para reparar un producto o no es práctico ni vale la pena reparar el producto desde el punto de vista económico o cuesta lo mismo reparar que comprar uno nuevo. La obsolescencia de incompatibilidad, sobre todo en productos electrónicos, por ejemplo, tablets o notebooks que no funcionan correctamente si se instalan sistemas operativos o software más nuevos, o baterías que no se pueden remover para reemplazar o cartuchos de impresoras que sólo sirven para un modelo de impresora.

Existe también la obsolescencia de moda o estilo, que está relacionada con las campañas de marketing que incentivan a reemplazar aparatos, productos o ropa que están en perfecto estado pero fuera de moda. Hoy por ejemplo, muchas organizaciones denuncian lo que se llama moda rápida o fast fashion, grandes cadenas que ya no lanzan campañas estacionales sino varias por estación.

Los efectos negativos sobre el ambiente son el incentivo a mayor consumo, la utilización creciente de recursos naturales, contaminación e impactos ambientales de la producción, transporte, generación creciente de residuos y los efectos en la salud de la población.

Algunos países han comenzado a trabajar sobre este tema. Recientemente, el Parlamento Europeo votó una Resolución demandando a la Comisión Europea, los Estados miembros y los fabricantes que tomen medidas para garantizar a los consumidores productos duraderos.[1] Una encuesta de Eurobarómetro de 2013 da cuenta de que el 92% de los europeos creen que la vida útil debe ser indicada en los productos y otra de 2014 señala que el 77% preferiría reparar un producto que no funciona antes que comprar otro nuevo, aunque suelen terminar comprando por los costos  y las dificultades de la reparación.

En la justificación del proyecto se plantean los desafíos económicos que han identificado:

  • la falta de acceso a los recambios y su precio excesivo,
  • el costo de la mano de obra en relación con los productos importados y de bajo costo,
  • la falta de información adecuada para reparar y conservar,
  • la creciente complejidad, sobre todo informática y electrónica,
  • las barreras de acceso para reparadores independientes,
  • la debilidad de los servicios de recambio de los productos durante su reparación.

Por este motivo, la nueva Resolución insta, a la fabricación de productos sólidos, de calidad y fácilmente reparables, a ampliar las garantías, a establecer incentivos fiscales para productos duraderos, con piezas removibles y cambiables, entre otros. Además, piden que se estudie la creación de una etiqueta europea voluntaria que incluya la durabilidad del producto, el diseño ecológico, la capacidad de modulación en función del progreso técnico y la posibilidad de reparación.

[1] http://www.europarl.europa.eu/news/es/press-room/20170629IPR78633/making-consumer-products-more-durable-and-easier-to-repair