viernes 24 de noviembre de 2017

Países en todo el mundo se comprometen a reducir el uso del mercurio

Consuelo Bilbao / @cebilba por

En agosto de este año entrará en vigencia el Convenio de Minamata, un tratado mundial para disminuir las emisiones y el uso de mercurio, una sustancia altamente nociva para la salud y el ecosistema,  por sus características de toxicidad, persistencia y bioacumulación. El convenio fue aprobado por el Congreso de la Nación y publicado oficialmente la semana pasada. Próximamente, la Argentina pasará a ser uno de los 52 países que ratificaron el convenio dentro de los 128 firmantes.

El mercurio puede ser liberado al ambiente por causas naturales (incendios forestales y erupciones volcánicas) o por la  actividad humana. Es una sustancia que tiene múltiples aplicaciones y que es usado en diferentes procesos productivos. Tanto para la extracción de oro, como en aparatos eléctricos y electrónicos, o en dispositivos para la salud como los termómetros. También puede ser emitido en proceso de fundición de metales, y en el uso de carbón, como fuente de energía, por ejemplo, en centrales eléctricas  o calderas.

A nivel mundial, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)[1]  estimó que en el año 2010 las emisiones de mercurio fueron de 3200 toneladas/año a la tierra y 3700 toneladas/año a los océanos. La situación se agrava si consideramos que un porcentaje del mercurio liberado al medio acuático es convertido a metilmercurio, una sustancia aún más tóxica, que queda en el ecosistema marino para su acumulación

Ante los efectos altamente nocivos del mercurio en el ambiente y en la salud humana, en el año 2009 el PNUMA inició  el proceso de negociación para la elaboración de un acuerdo internacional que buscara dar solución al problema. En octubre de 2013 se adoptó el Convenio de Minamata, en la ciudad que lleva su nombre y en alusión a los graves episodios de contaminación  por emisiones industriales de mercurios, que fueron reconocidos oficialmente por el Gobierno de Japón en 1968 y que aún hoy afectan la salud de la ciudadanía.

El Convenio aborda todas las etapas del ciclo de vida del mercurio, desde su generación hasta la disposición final de sus residuos y cuáles serán los compromisos que los Estados asumirán para cada caso,  en miras a reducir y eliminar su uso. Por ejemplo, con respecto a los productos con mercurio añadido se establece la prohibición para el año 2020 de fabricación, importación y exportación de: baterías, lámparas fluorescentes, plaguicidas y aparatos de medición como barómetros y termómetros. También se apunta al control y disminución de las emisiones de fuentes industriales  entre otras, a las centrales eléctricas de carbón, plantas de incineración de residuos, calderas industriales de carbón y fábricas de cemento clínker.

Si bien el Convenio es un gran desafío para nuestro país, su ratificación también brinda oportunidades para la cooperación técnica, financiera y tecnológica, en función de afrontar  los riesgos que representa el mercurio en la salud humana y el ambiente.

[1]http://www.mercuryconvention.org/Portals/11/documents/publications/informe_Minamata_LAC_ES_FINAL.pdf