viernes 24 de noviembre de 2017

La Fundación Cruzada Patagónica basa en la educación su presencia en el Sur

Nacida en 1979, la organización empezó tramitando los documentos para la gente de la zona, siguió después con una escuela y hoy, con dos escuelas más, capacita a adultos y jóvenes en el trabajo diario

Graciela Melgarejo por

“Cruzada Patagónica es una fundación que inició en el año 1979 a partir de un grupo de jóvenes porteños, profesionales, que se reunían para hablar de la Argentina, para ver cuánta gente excluida había y qué podían hacer ellos por esas personas. Entonces, fueron a Neuquén y allí iniciaron el trabajo yendo al campo, viendo la pobreza y la exclusión social”, dice Mónica Romero, flamante presidenta de la Fundación a la que conoce muy bien y desde adentro porque ha sido, por muchos años, voluntaria.

Lo primero que comprendió el grupo de porteños entusiasta fue que “había que hablar con la gente: saber qué les pasaba, qué tenían y qué no tenían, y qué necesitaban y qué podían hacer por estas personas. Lo primero que surgió fue un registro de documentación ambulante”. Hicieron un registro civil ambulante, totalmente legal, porque no había documentos: la gente no tenía documentos.

Además de ir a tomar mate con la gente, les ayudaron a tramitar sus documentos y poder empezar a ir al hospital de Junín de los Andes a atenderse, lo que hasta ahí no habían podido hacer por no tener documentación. Este fue el primer paso, luego fueron surgiendo otros temas hasta que todos se dieron cuenta de que la educación era el paso fundamental. En 1982, se empezó con una escuela primaria para adultos -no había escuelas en el campo: eran todos analfabetos- en Junín de los Andes. Los alumnos aprendían a leer y escribir, y también muchos salían con alguna tecnicatura, con alguna sabiduría sobre elementos más técnicos para que pudieran mejorar su calidad de vida.

Pasaron años hasta que el gobierno de Neuquén instaló escuelas en el área rural, las Escuelas Rurales Primarias. Pero eran escuelas primarias, y obviamente muchas de ellas de plurigrado. “Cruzada Patagónica -recuerda Romero- empezó a pensar en que debíamos ocuparnos de otra cosa, y ahí surgió el tema de la escuela secundaria. Finalmente, surge el CEI San Ignacio como escuela secundaria agrotécnica.

N+: -Uno de los chicos de esa escuela, de 17 años, ha sido becado para estudiar en Noruega.
-Sí. Además, tenemos docentes con un enorme compromiso por lo que hacen, que están buscando continuamente mejorar la calidad de la educación, y que los chicos accedan a lo que nunca hubieran podido acceder si no fuera por estas personas que los hacen participar en premios, en concursos, ¡y que los chicos ganan!. Sobre todo en el área de ciencias, hemos ganado muchísimos premios internacionales: los chicos han viajado por muchos países del mundo y esto les cambia la vida.

-Además ustedes están haciendo capacitaciones para que los adultos puedan manejar los tractores.
-Trabajamos también en desarrollo rural. Es decir, trabajamos con la gente del campo in situ para que ellos mejoren la producción, para que hagan diversificación productiva, porque ellos fueron, históricamente, criadores de ovejas y nada más, y su alimentación se basaba en las harinas y el mate. Nosotros, por ejemplo, les hemos enseñado a hacer invernaderos. Entonces, los mismos chicos que están en nuestra escuela van al campo, y se les enseña a armar un invernadero. De repente, tienen verduras que nunca tuvieron. También está el tema de los microcréditos que les damos para que críen pollos, que también cuando tienen excedente pueden vender y obtener así recursos para vivir.

-¿Cuántos miembros tiene la Fundación?
-Nosotros, como todas las fundaciones, tenemos un consejo de administración (ad honórem absolutamente), y después tenemos un staff. Tenemos una directora ejecutiva, direcciones de áreas diferentes y un gran cuerpo de voluntarios. En Buenos Aires está la oficina de desarrollo institucional o de recursos, que se ocupa de la búsqueda de voluntarios.

-¿Tienen además relación con determinadas empresas?
-Sí, muchas empresas nos apoyan, sobre todo gente del campo, o que tienen campos, y que nos dan una mano increíble y además aportan donaciones y know how para muchas capacitaciones.

-¿Cómo funciona la escuela CEI San Ignacio? ¿Es la única que tienen?
-Tenemos dos escuelas. Una en Junín de los Andes, el Centro de Educación Integral San Ignacio, y la otra en Cholila. La de Cholila se fundó en 2008, a partir de una donación de un terreno. Está creciendo lentamente, pero la de Junín de los Andes ya se encuentra más desarrollada, porque lleva varios años en funcionamiento. Estas escuelas tienen el ciclo al revés: funcionan de agosto a mayo, porque la parte productiva, en invierno, no se puede llevar adelante.

-¿Son mixtas?
-Este es un tema interesante. Yo empecé a trabajar en Cruzada Patagónica justamente cuando se produjo este cambio. Al principio, la escuela era de varones, porque se suponía que había que capacitarlos a ellos. Las madres que tenían hijos en nuestras escuelas fueron las que empezaron a pedir que sus hijas también se educaran. Ahí empezó en la escuela de Junín de los Andes, y la de Cholila nació directamente como mixta.