jueves 26 de abril de 2018

#MundodeLibros: “Un escritor de frontera”, Héctor Tizón y las reflexiones de un creador inolvidable

Editado por Mil Botellas, este libro devuelve a los lectores una voz muy reconocible de la literatura argentina contemporánea, multiplicada en crónicas, ensayos y relatos sobre la tarea del escritor

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Un escritor de frontera, de Héctor Tizón

Un escritor de frontera, de Héctor Tizón (1929-2012), editado ahora por Mil Botellas, está integrado por textos, ensayos y relatos sobre la tarea del escritor, tomados de dos libros fundamentales: Tierras de frontera (2000) y No es posible callar (2004). Agrupados en cuatro temáticas -su experiencia como escritor y lector, su terruño (rescatando parte de la historia de la Puna) y sus años en el exilio-, estos textos están, como se dice en la contratapa, “atravesados por la poética que lo definen como uno de los mejores escritores del continente”.

Héctor Tizón en Mil Botellas

¿Cuáles son los motivos por los que un editor de una editorial independiente elige publicar a determinado autor? En una entrevista con NOTICIAS POSITIVAS, Ramón Tarruella, director de Mil Botellas, definía así su tarea de editor: “Habría que hacer alguna vez una estadística casi imposible de la historia de lectores que tienen los autores coyunturales frente a autores como Horacio Quiroga, Roberto Arlt… y quiénes tienen más lectores a lo largo de la historia. El arte no tiene que ver con la coyuntura, es distinto. La coyuntura engaña, a veces los medios ensalzan a algunos autores y a otros no. Pero después pasa que los lectores se sorprenden cuando salen algunos autores. Es un rescate de la cultura argentina que está muy viva”.

Ahora, Mil Botellas recupera para la actualidad la voz más recoleta del escritor Héctor Tizón (1929-2012), autor de novelas inolvidables como Fuego en Casabindo (1969), El cantar del profeta y el bandido (1972), Sota de bastos, caballo de espadas (1975), Luz de las crueles provincias (1995) o La mujer de Strasser (1997), entre otras. A través de la lectura del libro, podemos oír de nuevo las razones de por qué Tizón decidió ser escritor:

“Decidí ser escritor cuando aún usaba pantalones cortos. Ahora lo vuelvo a ver: era una tarde nublada de invierno y contemplaba el paisaje desde cierta altura, montado a horcajadas sobre un gigantesco cóndor de bronce en el monumento a la batalla de Salta. Era un niño solitario y melancólico. Jamás se lo dije a nadie. Desde entonces hasta ahora estoy contando la misma historia”.

Esta voz única está formada, también, por las voces que oyó y escuchó en su infancia: las de las mujeres que lo rodearon -madre, tías, niñeras, indias analfabetas o no lectoras-, pero también las del mundo, cuando se exilió en España, durante el Proceso; por su elección de la carrera de abogado y el lenguaje jurídico -“el lenguaje poético sugiere, el jurídico debe dar a cada uno lo suyo”-, la lengua de los argentinos del Norte, de esa frontera lejana pero tan verdadera y tan propia como la rioplatense, en contraste.

En Un escritor de frontera están los otros escritores: por “Inventario de escritores”, desfilan Raúl Aráoz Anzoátegui, Jorge Calvetti, Manuel Scorza, Italo Calvino, Ezequiel Martínez Estrada, y un “Borges en Yala”, un texto tan hermoso como fugaz fue la relación personal con el maestro ciego. Porque un escritor es, también, los lectores que frecuenta, y que lee o relee.

De los 27 textos aquí reunidos, elijo para mí “Un destello, un fogonazo, un escrito en el muro”, en el que Tizón desgrana una media docena, “menos que, propuestas, reflexiones sobre la naturaleza del arte de escribir en provincia”, conforme a su propia experiencia, que constituyen un pequeño manifiesto sobre la identidad que da una lengua para el escritor y para aquellos para los que escribe.

Esta cuidada edición tiene diseño de tapa del pintor y diseñador gráfico Eduardo Ruiz, una pequeña obra de arte también inolvidable.