martes 17 de octubre de 2017

Flávia Amadeu aporta con su diseño a la transformación social en la selva amazónica

Patricia Melgarejo por

“Esto es para Flávia Amadeu”, dice con una amplia sonrisa una artesana del Amazonas sosteniendo entre sus manos un collar de caucho, muy parecido al que ella misma está usando.

Flávia Amadeu, diseñadora de joyas brasileña, que realizó su PhD en el London College of Fashion, University of the Arts London -en donde hoy es consultora de su Centro de Moda Sustentable-, visitó la Argentina invitada por el Observatorio de Tendencias del INTI. Allí nos contó que hace unos 13 años, recién egresada de la Maestría en Diseño en la Universidad de Brasilia, decidió realizar un viaje por la Amazonia en busca de nuevos materiales para su investigación que conjuga arte y ciencia.

En el Estado de Acre, en el límite con Bolivia y Perú -una región poco conocida por el turismo-, se puso en contacto con una comunidad de “siringueiros”, como se los llama en Brasil a quienes extraen el látex de la siringa o árbol del caucho.

Estas familias no son pueblos originarios, sino que descienden de aquellos trabajadores que llegaron a la región para la extracción de la materia prima del caucho, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era un negocio rentable. Hoy viven en su mayoría ayudados por planes sociales del Estado ya que esta extracción ya no es competitiva, y los jóvenes se quieren marchar buscando otros horizontes. Sin embargo, estos pueblos se han convertido en los guardianes de la biodiversidad.

Un tiempo antes, Amadeu se había vinculado al  Laboratorio de Química de la Universidad de Brasilia, a partir de un proyecto colaborativo. El Laboratorio había desarrollado un material en base al caucho natural, pero aún no sabía cuales podían ser sus aplicaciones. La diseñadora había descubierto que el látex natural se podía colorear, y que tenía una textura muy flexible, era maleable y liviano. En la selva amazónica fue cuando Flávia ideó su proyecto de joyería orgánica, pero primero viajó a Londres y, una vez hecho su posgrado, regresó para ponerlo en práctica, ya como emprendedora social.

Hoy, la goma de colores, fruto de la investigación, es motivo de transformación social y preservación ambiental. Flavia apoya a comunidades productoras y artesanos locales de la selva cuyas actividades económicas integran el uso sustentable de los recursos naturales.

Conformadas como cooperativas, estas comunidades mantienen la producción en la selva y le venden el producto final, sin intermediarios. Esta actividad es un proceso limpio y se trata de una “conservación productiva”, como lo define el investigador Anthony Hall. Por eso son guardianas de los bosques, se considera que cada familia es responsable de la preservación de una 500 hectáreas de la foresta amazónica.

Por supuesto, al principio no fue fácil. La logística es uno de los grandes problemas. “Las distancias son enormes, muchas de las comunidades no tienen teléfono y están aisladas. Una de las estrategias para la innovación social es la construcción de redes de trabajo, donde la colaboración es clave”, señala la diseñadora.

También hubo tensiones referidas a la enseñanza de las labores artesanales y la integración tecnológica para la que necesitan mucho apoyo. Para ello se utilizó el recurso de imágenes porque la mayoría no sabe leer ni escribir. También las comunidades aprendieron a respetar los tiempos de entrega. Son alrededor de unas 120 personas de 30 familias que trabajan en forma directa, más otras en forma indirecta. Parece poco pero en la selva amazónica las poblaciones viven dispersas y esto es muchísimo. Las familias han logrado un sustento para no dejar de vivir en su medio. Muchas de las mujeres ostentan con orgullo las joyas que ellas mismas producen y dicen “Esto es para Flávia” porque saben en qué se ha convertido su producto, y porque se ha logrado establecer lazos personales.

Amadeu sintetiza la experiencia en tres etapas.

  • Siembra: es la enseñanza, siempre vertical de arriba abajo, o integración tecnológica.
  • Cosecha: el producto ya está listo para ser vendido, saben cómo hacerlo y se produce la integración creativa, proceso inverso al anterior, porque va de abajo arriba (ellos aportaron la idea de hacer telas engomadas cuyo desarrollo ahora están estudiando en el laboratorio).
  • Alimentación: para que el diseñador entienda la realidad de los productores y artesanos, es fundamental que esté presente, que participe. “Y también mostrarles a ellos el proceso productivo completo (investigación, socios, participación de otros materiales, etc.), dio muy buenos resultados para todos”, asegura Amadeu.

Estas comunidades que antes solo extraían la materia prima, hoy le han dado valor agregado y se puede decir que las piezas de joyería de Flávia Amadeu que se compran en Brasil, Europa y Australia, gozan de la trazabilidad que va desde la extracción del látex hasta el usuario que luce la joya.