viernes 24 de noviembre de 2017

Danza biónica, otra formar de ser y estar en la naturaleza

La segunda edición del Bionic Festival, proyecto que fusiona danza, música, naturaleza, sostenibilidad y arte, una nueva forma de expresión para evocar antiguas religiones y rituales

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Danza bionica en el Bionic Festival 2017

MADRID.- Regresa el único festival del mundo en el que los bailarines danzan con árboles móviles: hablamos de la segunda edición del Bionic Festival, un proyecto que fusiona danza, música, naturaleza, sostenibilidad y arte. Una nueva forma de expresión, la danza biónica, que muestra cómo los bailarines y los árboles móviles crean juntos, evocando antiguas religiones y rituales, en los que los seres humanos veneraban a la naturaleza y rendían homenaje a los árboles, los ríos y las montañas.

El próximo 30 de noviembre, con motivo del Día Internacional para la Memoria de las Especies Extinguidas, tendrá lugar la competición final de danza biónica en Madphoto. Un jurado de cinco personalidades del mundo del arte y de la cultura seleccionarán a los tres ganadores del Bionic Festival 2017.

La danza biónica es una corriente creada por el artista y fotógrafo Hönevo en 2014. Hönevo lleva años descifrando los orígenes y significados del arte. En su trabajo explora nuevos lenguajes artísticos donde la naturaleza y el paso del tiempo son los protagonistas principales. Sus obras reflejan además su preocupación por el maltrato sufrido por la naturaleza y los pueblos indígenas.

“Me preocupa que en la sociedad de la superinformación casi nadie hable de la súbita extinción de la biodiversidad”, avisa Hönevo. Su proyecto de investigación biónico mezcla arte, ciencia y naturaleza para invitarnos a reflexionar sobre el impacto medioambiental del hombre y lograr una expresividad sostenible que sea natural y humana.

La danza biónica es una disciplina artístico-terapéutica que intenta indagar en el misterioso vínculo que une a las plantas y a los humanos. Es una búsqueda incansable, a través de la danza, de un nuevo lenguaje artístico, donde los bailarines exploran su propia expresión utilizando árboles como el ancla y núcleo de su coreografía.

En la primera edición del Bionic Festival, el árbol más grande utilizado para las actuaciones, un manzano de más de cinco metros de altura, fue donado por la organización y plantado en “La Huerta de Tetuán” -espacio madrileño que sirve de huerto urbano y en el que también se desarrollan actividades culturales- siguiendo el proceso transversal que promueve la filosofía del festival, que aspira a ser una herramienta para plantar árboles de una manera festiva. Una iniciativa que se repetirá en esta nueva edición.

+ INFO: ver los vídeos de los bailarines y músicos que ya están experimentando con la danza biónica en la web del Bionic Festival