Miércoles 23 de agosto de 2017

El Día Mundial del Medio Ambiente en la selva colombiana del Chocó

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Marianelli Mosquera tiene sesenta y pico de noches dormidas y desveladas en la selva colombiana. La conocí  en ese rincón del mundo llamado Chocó que pertenece al departamento colombiano de Antioquia, en donde mandan por lo menos dos cosas: el agua y la distancia. El río Atrato, una de las  cuencas más majestuosas del mundo, es implacable y antojadizo. Si quiere, lo tapa todo.

Allí, recostada en el agua, queda la zona conocida como La Islita, y la casa que Marianelli habita casi en soledad todo año.  Ella se ocupa del cuidado de su hectárea de tierra con todo lo que ello implica. Si el agua sube y lo tapa todo, ella espera que baje. Si los “hombres no quieren trabajar”, ella trabaja. Si lo que hay que comer es plátano maduro, coco y  caña, pues eso se come. Los hijos se fueron o van y vienen, pero ella resiste.

Ella es la primera línea de la sustentabilidad. Una vez le llevaron “veneno para que mate la maleza”(su obsesión) y ella roció su tierra. Claro, quien ofreció la receta “milagrosa” no pensaba en la salud de la tierra, ni consideró que el veneno caería en el agua del río , que es la arteria de las comunidades. Acaso tampoco contempló que años después la suma de estos venenos (y otros residuos de la minería, hay que decirlo)  obligarían a que los remedios caseros a base de plantas locales  no funcionen más para estas nuevas enfermedades. La empresa que arrimó el veneno buscaba matar rápido la maleza para llegar al tesoro: los palmitos. Ellos se fueron, pero dejaron lo peor: la deforestación y la falsa receta mágica.

Le pregunto que necesita y hace silencio. Más tarde me confiesa que no sabía que contestar porque nunca “le preguntan eso”. Habla de cambio climático, de hombres, de mujeres, del precio de sus productos.  Miro a mi alrededor y sólo veo la selva y el río, entonces le pregunto quién compra lo que vende y ella dice inmutable: “Aquí todos saben lo que vendo”.

Ella es fuerte, pero vulnerable a los vendedores de veneno, aunque ya hay en la región un proyecto superador de manejo sustentable de palmitos y ella lo sabe y sueña con el crecimiento de su comunidad, una de las treinta y cuatro que tienen un potencial de producción de 100.000 kg  que, manejados de manera sustentable, pueden cambiar la vida de 10.000 habitantes.

Quizás este nuevo emprendimiento una la sabiduría ancestral con las nuevas economías modernas que miran al pasado para aprender de las Marianellis que a puro machete se abrieron paso en la tierra más virgen y necesitan respeto y cuidado.

Ella es la selva, ella es el río. Ella representa a las comunidades que guardan la sabiduría de quienes han escuchado a la tierra. Esta nota está guardada desde diciembre de 2016 esperando el momento correcto para salir a la luz, y es hoy, porque Marianelli Mosquera no tiene televisión ni redes sociales, y quizá no sepa que el Día Internacional del  Medio Ambiente es hoy. Para ella es todos los días.