viernes 24 de noviembre de 2017

Horacio Tignanelli y la educación por el arte, en busca del cielo

Le gusta definirse como "educador por el arte", pero Tignanelli es, también, astrónomo, especialista en educación y popularización de las ciencias naturales, y titiritero

Graciela Melgarejo por

Educación por el arte con Horacio Tignanelli

Horacio Tignanelli trabaja con la educación por el arte. Aunque HT es astrónomo, especialista en educación y popularización de las ciencias naturales, y ha montado planetarios, instalaciones científicas, parques temáticos de astronomía y exhibiciones de ciencia y arte para todos los públicos, le gusta definirse fundamentalmente como educador por el arte.

N+: -La idea de esta entrevista surgió a partir de un post en Facebook en el que preguntabas: “¿Ustedes creen en la educación por el arte?”. Yo contesté: “Yo, sí”. Explicanos qué son estos espectáculos de educación por el arte que estás haciendo en toda la Argentina.
Horacio Tignanelli:
-Son parte de una actividad que comenzó hace varios años. Además de astrónomo -que creo es ya una deformación profesional-, yo soy titiritero. Entonces, en algún momento, los que queríamos hacer divulgación científica nos dimos cuenta de que es muy difícil hacer divulgación en un contexto en el que no hay educación previa. La divulgación se puede hacer cuando hay una base educativa común, y uno tiene la certeza de que lo que va a divulgar, ese nuevo conocimiento, entra en estructuras que lo puedan procesar. Pero esto no existe en particular con la astronomía, entonces empezamos con estrategias ya no de divulgación sino de popularización. Y en ese punto, iniciamos todo un proceso de trabajo de educación por el arte a partir del teatro, en particular del teatro de títeres, de objetos. Esto ya tiene muchos años.

-Está dirigido a escuelas primarias y secundarias, ¿verdad?
-Está dirigido a todo público. Hay espectáculos que son para niños específicamente, otros que son para adolescentes, y otros que son para todo público. Por ejemplo, en esta última gira estuve en Santa Fe y allá hicimos presentaciones para adultos (para estudiantes de profesorado), para público general y para niños. Eran distintas propuestas, una se llamaba Pedacito de Cielo, otra se llama Laboratorio de Epifenómenos y también había otro tipo de propuestas que son lúdicas, a través del teatro, con una intencionalidad manifiesta de aportar algunos elementos críticos para pensar alguna parte de la naturaleza de forma más cercana a los modelos científicos.

-¿Cuál sería la utilidad de saber astronomía, de entender los secretos del cielo?
-El punto está en qué es lo que uno quiere que el otro se apropie. Para mí, no es el momento ni creo que sea la edad en que a mí me interesa que, por ejemplo, los niños se apropien de conocimientos muy profundos, pero sí de todo aquello que tiene que ver con la vida cotidiana: desde el día y la noche hasta las estaciones o las fases de la Luna, o la misma concepción del cielo. En ese punto es donde nos paramos.

Cuando uno habla del conocimiento tiene que hablar de tres vertientes, que tienen que ver con esto de la educación por el arte. Esas tres vertientes son el arte, la sabiduría y la ciencia. El arte y la sabiduría son remotos, estuvieron siempre, nacieron casi juntos y se nutrían y se nutren uno del otro. En cambio, la ciencia es algo relativamente moderno para la humanidad, que tuvo su esplendor en el siglo pasado y que hoy está popularmente instalado como el elemento para conocer.

-Está teniendo otra vez mucho prestigio y lo interesante es ver cómo se mediatiza el conocimiento científico, que me parece que es el propósito y el objetivo de tu trabajo.
-Exactamente. Yo lo que trato de demostrar es que efectivamente la ciencia permite explicaciones a mucho de lo que uno percibe, pero que no es la única explicación. Creo que las explicaciones espontáneas o de la sabiduría popular también son una explicación posible, que no siempre resuelven todos los problemas, pero permiten llegar a otro tipo de explicaciones, no solamente la sabiduría popular o el saber común, sino también el arte.

A través del arte uno puede acceder a un conocimiento que le ayuda a interpretar el cielo, por ejemplo, o un árbol.

-¿Cuál es la interacción con el público pequeño?
-Es la misma que con el adulto. Uno toca las mismas cuestiones, los mismos problemas, que sabemos que ni el adulto ni el niño construyen en toda su formación. Esto es a través de estudios que yo y otros investigadores hemos hecho y sabemos perfectamente que no se construyen. Ahora, en los espectáculos que son teatrales, que hay objetos que interactúan como en cualquier obra de teatro, el punto es que no hay conflicto dramático. El conflicto es cognitivo. O sea, es un conflicto cognitivo que se resuelve a través de una situación dramática, pero no es una interacción en la que pasa algo, como una obra cualquiera, que también hacemos.

-Dame un ejemplo concreto.
-Dos personajes que se cuestionan entre sí a quién sigue la Luna. “Yo cuando camino me sigue a mí, yo cuando camino me sigue a mí”, y el problema no es entre ellos, el problema es que no se puede resolver eso. Y en el teatro es muy fácil, porque yo bajo la Luna, la pongo ahí, y la interacción con el público es que participa directamente: en Pedacito de Cielo, el personaje que guía la obra es un señor, que en este caso soy yo pero que podría ser una señorita, que no termina de resolver sus cosas, que todo es un croquis, que construye un caballo pero no es un caballo. Eso a los chicos les fascina, yo tengo siete u ocho caballos hechos en formas diferentes, con formatos diferentes, pero que todos se identifican como caballos.

Como eso, un barco, u otros objetos muy populares, hasta que llego a conceptos: yo quiero construir el cielo, entonces ¿cómo hago? Comienza todo un proceso de acercamiento a la idea del modelo y representación, desde el juego. Los chicos entran directamente y empiezan a identificarse, porque ellos también están construyendo cosas y eligen al que más le gusta, y cada uno tiene su cielo, que está bien porque todo el cielo que miramos se construye con un pedacito de cielo de la niñez.

-Al mismo tiempo, la impresión que me da a través de tu relato es que, como Sócrates, vos intentas hacerles descubrir el espíritu científico, que es el de la curiosidad, el de empezar a analizar y a crear relaciones lógicas.
-No el espíritu científico, sino el espíritu de la sabiduría, que puede venir a través de hacer un dibujo, de hacer una pintura, una escultura, a través del baile o a través de leer este libro de tal científico, o de un documental, porque uno puede aprender de muchas maneras y no hay una sola. La manera de aprender que está en la escuela es muy importante, pero no es la única. No porque la descalifique, al contrario, trabajo con y para las escuelas y para mejorar esto. Me gusta compartir.

El cielo es fácil para ejemplificar que se puede aprender de muchas maneras: en cualquiera de nosotros, existen, conviven, en la idea o concepto del cielo, muchos cielos. Uno místico, que tenemos todos, uno natural que es el que vemos todos los días, y un cielo fantástico que es el que me mandan desde las películas o las lecturas.

+ INFO: www.htignanelli.wixsite.com y www.htignanelli.wixsite.com/arte;

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