martes 17 de octubre de 2017

Eduardo González: “Vivimos la ficción como realidad, eso es el arte”

El escritor, docente y psicólogo de niños y adolescentes estuvo en el estudio de Radio Palermo tras haber sido galardonado con el premio El Barco de Vapor de Ediciones SM.

Graciela Melgarejo por

“Nunca más vas a estar solo”, le dice a Abel su nueva amiga, Lelia, la bibliotecaria de la escuela. Esa afirmación irá demostrando toda su verdad a lo largo de las 143 páginas de Por el camino del cóndor, premio El Barco de Vapor de Ediciones SM. Su autor, Eduardo González, escritor, docente y psicólogo de niños y adolescentes, estuvo en el estudio de Radio Palermo, para recorrer junto con NOTICIAS POSITIVAS los caminos de la literatura que esta nueva obra abre para todos los lectores.

Graciela Melgarejo: -Este libro une dos partes importantísimas de la Argentina: el Norte y la ciudad de Buenos Aires. Yo diría que este es un libro donde el silencio, las voces y la música están todo el tiempo como contraponiéndose, pero al final se unen.
Eduardo González:
-También me interesaba marcar lo que es la diferencia entre lo que es la literatura escrita y la tradición oral, por eso aparecen también las coplas. Nosotros estamos acostumbrados siempre a pensar la literatura en términos de escritura, y negamos que la gran cultura guaraní, la gran cultura del oeste, la gran cultura del sur, son culturas de tradición oral.

-En realidad, la literatura nace de la oralidad…
-Y, además, hay conflicto: Abel, el protagonista de Por el camino…, escribe en una lengua, que es el español que aprendió en la escuela, pero siente y piensa en otra, que es el aymará. Es la contradicción de que a veces en la escuela nos enseñan cosas que no se acercan mucho a nuestra realidad. Por ejemplo, y esto en el libro se menciona, los textos de la escuela hablan del tigre, de la jirafa, del elefante, pero no hablan del puma, del guanaco. Es esta cuestión entre el lenguaje de la escuela y el de la tradición oral.

-Mientras Abel va escribiendo lo que le va pasando, lo que está marcando es esa contradicción que se da cuando un chico aprende un lenguaje y lo tiene que escribir. Porque la lengua escrita es mucho más exigente y condicionante. Por ejemplo, en un momento escribe: “Los signos de exclamación, no los de admiración como dice mi mamá”, porque lo toma de su maestra.
-Yo recuerdo una maestra que decía eso: “No son de admiración, porque a veces uno puede exclamar algo que no sea admirable”. De todos modos, en mi casa siempre se decía “de admiración”. También yo quise marcar que existen situaciones positivas y negativas tanto en la ciudad como en el noroeste argentino. Si no, a veces se hacen como dos planos, y se crea el pensamiento de que todo lo malo está en la ciudad, y todo lo bueno en el noroeste. De hecho, Abel en la ciudad también aprende, tiene contacto con la literatura, a través de una bibliotecaria que lo ayuda a leer los textos clásicos. O sea, él también aprende en la ciudad.

Un chico desde los 3 años ya entra en conflicto entre la cultura que lleva de su casa y la que recibe en la escuela. El tema de tu libro es también la integración. En tu trabajo como psicólogo debes tratar estos temas, especialmente el tema de usar la literatura como salvación de ciertos conflictos.
-No es solamente la literatura. La creatividad en general; muchas veces, en los adolescentes se presenta la idea de la música, o del teatro o del cine. El psicoanalista ingles Donald Winnicott hablaba de “espacios transicionales”, decía que el arte era heredero del juego, de ese espacio fantástico que no es ni realidad ni ficción, es un espacio intermedio, transicional.

Es lo que tiene el arte: nosotros sabemos que es una ficción, nos metemos en la ficción, pero la vivimos como realidad. Y creo que esa es la magia que viene heredera del juego, que debe rescatarse como una situación elaborativa, de crecimiento de los niños.

A veces me preocupa esta cuestión del juego digital: debemos recuperar en los niños el juego analógico, sacarlos de ese mundo digital tan preestablecido para volver al juego en donde él es el que propone las reglas, donde él es el que crea. A veces pasa con niños a quienes les sacan el estímulo y se aburren. Mejor que se aburra, que no sepa qué hacer, y que desde ese silencio y aburrimiento genere su propio espacio. 

Andrea Méndez Brandam: -Me pasó de ver en este último viaje por Europa a muchos abuelos y chicos con libros, algo que quizás en otros países desarrollados como EE. UU. no se ve tanto. ¿Tendrá que ver con esta generación en la que muchos abuelos se hacen cargo de la crianza?
-Creo que hay una vuelta al libro de papel. Incluso en los adolescentes, que se habla tan mal de ellos y en realidad son grandes lectores. El otro día en la Feria [del Libro Infantil y Juvenil] se armó una conversación, y una de las chicas contaba que los papás le decían que por favor no leyera tan rápido porque era muy caro. Ella quería el libro físico, no un PDF para leerlo en una pantalla.

GM: -Me llamó la atención, en otra Feria del Libro Infantil, que había muchos adolescentes solos, nadie los llevaba. Estaban muy entretenidos, la pasaban bien. Lo que le pasa a Abel cuando estaba a punto de terminar uno de los libros de Julio Verne, y tiene esa sensación fea de no querer que se termine el libro, pero a la vez tener la curiosidad de saber el final. Hoy los chicos tienen, a través de las redes sociales, la posibilidad de contactar quizás al autor y pedirle una continuación.
-Yo quería rescatar a los booktubers porque además son críticos, no negocian. Si les gusta un libro lo comentan, y si no les gusta no lo comentan, o sí lo hacen a través de críticas demoledoras. Entonces, realmente tienen mucho asidero sobre otros chicos.

AMB: –¿Qué experiencia has tenido con booktubers?
-Se cuidan de no spoilear. Hacen una puesta en escena, muestran el libro, cuentan dónde lo compraron, realmente es un trabajo interesante. 

GM-: ¿Y la literatura policial juvenil argentina? En la Argentina, tiene un anclaje en la realidad del país y de los conflictos que hay aquí, muchas veces con periodistas como personajes centrales.
-La idea la tomé de Paco Taibo, que es el iniciador del “neopolicial hispanoamericano”. Él toma elementos muy de la realidad, es la realidad la que se impone y genera el conflicto. Y de alguna manera no es que exista el detective, el personaje y el protagonista termina siendo quien investiga. 

Yo vivo en Once. Y vivir en el Once porteño es muy intrincado, muy complejo. Yo siempre digo que tenés, por ejemplo, un negocio de comida árabe al lado de la AMIA. Es esa cuestión conflictiva y rara: hay sectores coreanos, sectores hindúes, y después está lo que se llama el lugar “picante”, de transa de droga, en la transición entre Once y el Abasto, cerca de la plaza. Es la zona donde está el Centro Cultural Konex, en donde está quizá la zona más picante de la Capital, en donde coexisten peruanos, bolivianos, colombianos.

Cuando surge la idea del libro La plaza de los chicos rubios -la continuación de Grafiti Ninja, que también escribimos con Osvaldo Aguirre- el tema es un grupo de peruanos, con toda la conflictividad que tenían, para demostrar que no son delincuentes. Es algo que pasa mucho y es el tema de ser sospechoso por portación de cara. Incluso, en una época en el McDonald’s de Once había un cartel que decía “Prohibido el ingreso de peruanos”. 

GM: –Por eso, con Eduardo González hablábamos fuera de micrófono de la literatura como salvación, como ocurre en Por el camino del cóndor. Como salvación y como posibilidad de integración, que es lo que finalmente tenemos que trabajar los argentinos, y este libro es un ejemplo de ello.

 

Nuestro comentario

Por el camino del cóndor, de Eduardo González -autor de, entre otros títulos, El fantasma de Gardel ataca el Abasto, El rescate del Eurídice, Origami– es una novela de iniciación. Abel, un casi adolescente, es arrancado de su vida y su cultura para ser transplantado a Buenos Aires. El tiempo sin tiempo de su infancia, el canto de los pájaros, las voces amigas, los perfumes y los colores de la Puna desaparecen para dejar paso a los ruidos de la ciudad y la indiferencia de sus nuevos vecinos. Pero la magia de la literatura y de la lectura salen en su rescate. Habrá nuevos amigos y nuevas posibilidades tanto en el mundo de la ficción como en el de la realidad, para volver más crecido y más sabio a su amado pueblo.

Hecho de silencios y de palabras, Por el camino del cóndor, premio El Barco de Vapor, es una obra de madurez literaria de su autor, que logra no solo unir culturas, sino también idiomas, el español y el aymará, en busca de la deseada integración.