Sábado 19 de agosto de 2017

Desde la APrA porteña se busca un cambio cultural con la participación de todos

La Ciudad de Buenos Aires suma nuevos puntos verdes móviles, con el objetivo de profundizar la participación vecinal en la separación de residuos y el reciclaje.

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Juan Bautista Filgueira Risso, presidente de la Agencia de Protección Ambiental (APrA) de la ciudad de Buenos Aires, fue entrevistado por NOTICIAS POSITIVAS sobre los nuevos puntos verdes móviles, que se han implementado en julio, y de cómo los porteños pueden utilizarlos.

N+: -¿De qué se tratan los puntos verdes móviles?
Juan B. Filgueira Risso: 
-A diferencia de los puntos verdes fijos que ya hay en la ciudad, en los que los vecinos entregan aquello que es reciclable, los puntos verdes móviles recolectan residuos electrónicos y aceite. El 90 por ciento de los aparatos electrónicos (celulares, computadores, monitores, etc.) es reciclable. Una parte de ellos son además residuos peligrosos, que requieren de un tratamiento especial.

-¿Qué pasa con los residuos recolectados?
-En el caso de los aceites, que requieren que la gente los disponga de modo adecuado porque generan contaminación -hay que tener en cuenta que un litro de aceite contamina mil litros de agua-, nosotros aplicamos la economía circular: lo que para algunos es residuo, para otros puede ser materia prima para algo nuevo. Entonces lo recolectamos, lo transportamos y lo filtramos, y lo llevamos a una planta donde ese aceite se transforma en biodiésel. Es decir, se transforma en combustible para usar en cualquier vehículo.

En el caso de los residuos electrónicos, estos van a una planta de tratamiento acreditada en donde se desensamblan y se sacan todos los componentes que sirven y se pueden recuperar. Hay, por ejemplo, oro y cobre, plásticos, etc. Todo esto se recupera, se trata y se desensambla. Lo que sirve vuelve al mercado, y lo que es residuo peligroso tiene tratamiento especial como residuo peligroso.

-¿Ustedes contratan a terceros que tienen experiencia en este tipo de reciclado?
-En el caso de los aceites, APrA trabaja con la asociación ALPI, que trabaja en temas vinculados con la recuperación de discapacidades. Ellos hacen la logística, y la parte de convertir el aceite en biodiésel.

Para el resto, trabajamos con una cooperativa especialista en el tratamiento de este tipo de residuos.

-La gente de la empresa Reciclarg habla del concepto de “minería urbana”: el rescate de estos materiales preciosos que se encuentran en los aparatos electrónicos.
-Tiene un potencial enorme. El paso que dimos en la ciudad es muy importante: aunque por ahí cuatro puntos verdes no parecen significativos, lo que hay que entender es que hoy en día los ciudadanos tienen la posibilidad de disponer adecuadamente de estos residuos que hasta hace un tiempito no tenían. Este es un gran paso. Y el tema de la minería urbana es importante; tenemos muchos componentes que si se aprovechan sirven para obtener metales que de otro modo requieren un proceso de minería.

Al estar en las ciudades, perdemos el contacto con la naturaleza, creemos que mágicamente apretando un botón, cuando tiramos la cadena, las cosas desaparecen. Pero esas cosas tienen un impacto enorme y la realidad es que lo terminamos viendo muchísimas veces en la costa de nuestros ríos, o, por ejemplo, en un problema local que tenemos acá en Buenos Aires y que es el tema del Riachuelo. Y todo eso es consecuencia de lo que nosotros hacemos, ni más ni menos.

En algún punto, a veces siento que estamos disociados entre lo que decimos y cuáles son nuestras quejas en relación con determinadas situaciones por un lado, pero después por otro lado las acciones que cometemos, sin vincular nuestras acciones con las consecuencias. Este caso sería cuando tiramos aceite y no nos damos cuenta que eso termina definitivamente en el río, contaminando el agua que es un recurso escaso y que es la fuente de toda la vida.

-Esta decisión de sacar los puntos verdes tiene que ver también con la educación, ¿no es cierto?
-Sí, totalmente. Y va muy en línea con lo que promueve la ciudad de Buenos Aires de educar. Desde hace muchos años se está trabajando en la educación ambiental, con el programa Escuelas Verdes, que trabajan fuertemente estos temas. Las escuelas hace ya unos años tienen procesos de separación de residuos, tienen incorporados dentro de la currícula contenidos educativos ambientales. Eso para nosotros es clave.

Es clave en el sistema educativo de la ciudad, pero es clave también desde otro lado: desde el Ministerio de Ambiente de la ciudad, en donde intentamos concientizar a los vecinos porque por mucho que hagamos desde la ciudad, si los vecinos no entienden la importancia y el impacto de lo que se genera, o de sus acciones, la ciudad sola no puede.

Es un trabajo que hay que hacerlo en conjunto, con la colaboración y el compromiso de los ciudadanos, y con el compromiso, la logística, los recursos y la planificación de la ciudad, con las ONG que deben apoyar. Es un cambio cultural que requiere de la participación de todos.