viernes 22 de septiembre de 2017

Sale el sol: el amanecer de una revolución en energías renovables

Los bajos precios en energía solar y eólica están generando nuevos negocios de energías verdes, desde la India hasta México.

Tomas Horton por

Este artículo, originalmente escrito por Martín Wright y tomado de la web de positive.news, ha sido traducido al español por Tomás Horton para NOTICIAS POSITIVAS.

Estamos ante una revolución renovable. Nadie, para ser sinceros, la vio venir. Incluso los expertos que lo vienen prediciendo desde hace años no creían que pasaría tan rápido.

Al igual que muchas otras revoluciones, el dinero está en el corazón de esta. Impulsada por ambiciosos programas gubernamentales en Alemania, India y China, y junto con una competitividad feroz, los precios de la energía solar y eólica cayeron más lejos y más rápido de lo que cualquiera creía posible. Ahora han llegado a un punto mágico en el que comienzan a competir cabeza a cabeza con los combustibles fósiles. En Chile, un esquema basado en energía solar ganó una gran licitación energética al ofrecer el abastecimiento de electricidad al precio récord de 29,10 dólares por megavatio hora, muy por debajo del promedio en el mercado mayorista. En India, los precios también han caído a medida que el gigante asiático comprende su potencial solar. Y las empresas chinas, buscando su cuota en el mercado, están ayudando a empujar los costos hacia nuevos pisos.

Para ser una revolución tan importante, hasta ahora ha sido sorprendentemente apolítica. Los conservadores pueden haber estado tradicionalmente en contra de las renovables, pero el peso mismo de la lógica económica está cambiando rápidamente su opinión. Más de la mitad de la capacidad instalada renovable en los Estados Unidos se encuentra en Estados administrados por republicanos. Son más los ciudadanos estadounidenses empleados por la energía solar que los que emplean los combustibles fósiles para generar electricidad. El presidente puede “apoyar el carbón” en su eslogan de campaña, pero cuando se trata de la pura lógica de negocios, los mercados le ganan a Trump.

Sin embargo, la política sí está cumpliendo un rol. Cada vehículo propulsado por electricidad en lugar de petróleo significa menos dependencia en importaciones de crudo, muchas de las cuales, por supuesto, vienen de los Estados del Golfo Pérsico, con todos los enredos políticos que eso implica. La búsqueda por la “independencia energética” ayudó a promover el fracking, y hoy está comenzando a promover las renovables. No pareciera tan lejano pensar en los “brexiters” saltando hacia el carro verde al grito de “¡Gran Bretaña brilla de los vientos británicos! ¡Retomemos el control sobre nuestra energía!”

Pero antes de dejarnos llevar por la excitación, es justo recordar que estamos aún en los primeros días de la revolución. Las renovables siguen siendo la menor proporción con respecto al suministro total de energía. Las energías solar y eólica juntas proporcionaron tan solo el 4,4 por ciento de la producción eléctrica global en 2015. Además, está el inconveniente de que el viento no siempre sopla y el sol no siempre brilla. Sin importar lo barato de la fuente, las matrices eléctricas que necesitan balancear la oferta y demanda luchan por acomodar grandes cantidades de esa generación “intermitente” de energía elécrtica. Por eso, el día en que las renovables dominen el mercado energético está todavía un poco lejos.

Pero indudablemente son el futuro. Los rápidos avances del almacenamiento energético en baterías, liderado por Tesla, están ayudando a superar los problemas de la intermitencia. Los vehículos eléctricos también son parte de la solución en cuanto al almacenamiento, ya que sus baterías pueden actuar como microplantas de energía que ayuden a balancear la matriz. A mayor cantidad de autos eléctricos, más efectivo será su rol en esta historia.

El presidente puede “apoyar el carbón” en su eslogan de campaña, pero cuando se trata de la pura lógica de negocios los mercados le ganan a Trump.

Mientras tanto, un número cada vez mayor de hogares y de negocios invierten en sus propias capacidades de generación, principalmente solares, por lo que comenzaremos a ver una red de “prosumidores”: gente que no solamente consume energía, sino que a la vez la produce, generando ingresos económicos extra. En consecuencia, ello podría ser la base de una nueva concepción de la matriz energética. Una que se aleje de unas pocas plantas fósiles o nucleares centralizadas que envían energía a través de la red, y que vire hacia una matriz mucho más sofisticada y descentralizada en la que existan millones de productores y consumidores, y en donde los electrones fluyan en un intercambio que muchos están llamando “Internet de la energía” por su parecido con el funcionamiento de la web. De esta forma, podríamos estar ante una revolución que no se limite solamente a la tecnología de las energías, sino que además abarque a la economía y la política.

Las energías renovables han experimentado algunos falsos amaneceres. Pero pocos dudan de que el sol está finalmente, irrevocablemente, saliendo.